Callejón de La Musa

La triste desconfianza. La recochina duda.

Además de los miles de voluntarios que han brotado de todas partes y participan en decenas de distintas tareas en apoyo a los damnificados, atrapados y víctimas del sismo, particularmente ahora en la Ciudad de México (nuestro centralismo nos gana, caray) otras miles de personas a lo largo y ancho del país se disponen a revisar sus bolsillos y cuentas bancarias para entregar algo, lo poquito o lo mucho, para la misma causa.

Pero surge la maldita duda existencial, que ni siquiera es dilema porque la respuesta viene rápida, ipso facto, a la mente de las y los mexicanos a la hora de cooperar: por cualquier vía, menos por las de los gobiernos, los funcionarios, los partidos, los políticos.

No sólo porque nadie les cree y todos dudan de su auténticamente buenas intenciones, sino porque hay una certeza catastrófica: la ayuda no llegará a quienes la necesitan, el dinero recabado no servirá para comprar lo que hace falta…se lo van a robar, usarán los donativos en especie para las campañas, acabará repartido en forma de lonches en el periodo electoral.

La experiencia, desgraciadamente, es la que ha llevado a los mexicanos a quedarse con la recochina duda.

Casas Blancas, estafas maestras, Pemexgates, Monexgates, se acumulan en la memoria colectiva, que suele fallar para muchas cosas pero que ante la avalancha de tranzas multimillonarias que afloran gracias a investigaciones periodísticas, auditorías y alguno que otro ciudadano o funcionario honesto, simplemente ya no puede ignorarlas.

Aunque la memoria colectiva se lo propusiera.

Afortunadamente, la solidaridad brota a través de decenas de organizaciones de la sociedad civil y organismos que dan la alternativa a los habitantes de este país para cooperar.

Eso sí,  habrá algunos políticos e instancias gubernamentales honestas y dispuestas a canalizar la ayuda eficazmente y sin regateos. Los hay y cada quién decide si confiar o no.

Eso sí, ayudar no es un dilema. Ante la tragedia, la del 7 de septiembre en Oaxaca y Chiapas, la del 19 de septiembre en la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Guerrero y otra vez Oaxaca, es una necesidad, es cumplir un deber.

Como quiera, con quien guste y mande, en quien confíe. Pero no hay que dudarlo, no hay que pensarlo.

Hay que ayudar.

 

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Periodista en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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