Callejón de La Musa

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Después de un incesante activismo, particularmente en lo que se refiere a sus peroratas anti Trump y contra Nicolás Maduro, el ex presidente Vicente Fox Quesada asumió un mutismo explicable después de los sismos registrados en días pasados en el sur del país y en la Ciudad de México (el del 7 de septiembre y el del 19 de septiembre, para no olvidar).

Apenas unos días antes de los temblores que han dejado miles de damnificados y cientos de víctimas mortales, el ex presidente todavía publicó en sus redes sociales algunos videos (patrocinados) y publicitó un libro que dice haber escrito, con el tema Trump, off course.

De entonces para acá, el acelere de Fox por Trump o por sus otros dos temas obsesivos (pocos pero fijos), Andrés Manuel López Obrador y el presidente venezolano Nicolás Maduro, frenó abruptamente y no le han salido más de cuatro o cinco tuits, de a uno por día.

Creo que Fox sabía que tras los enormes, casi incalculables daños y las pérdidas derivadas de los dos sismos, las miradas de muchos volverían a ponerse sobre él y sobre los otros dos ex presidentes que reciben una pensión del erario público por el sólo hecho de haber pasado seis años en Los Pinos.

La pensión de los ex presidentes (la cobran Fox, Felipe Calderón y Luis Echeverría Álvarez) no sólo va a la cuenta de estos cuatro. Incluye el pago de sueldos para un grupo de personas que, en calidad de empleados federales, siguen a disposición de quienes fueron sus jefes en la Presidencia, para otras muy diversas tareas.

En el caso de Fox, además del personal del Estado Mayor Presidencial que lo cuida, la nómina incluye a empleados que se hacen cargo de su centro de estudios, biblioteca y organizadora de eventos de todo tipo: bodas, bautizo, quince años, conciertos y lo que se ofrezca.

Los expresidentes mexicanos reciben una de las mejores pensiones como mandatarios: alrededor de 205 mil pesos cada mes. Y a eso se suman los salarios del personal ya referido.

A raíz de los sismos, se abrió para la discusión nacional la necesidad de reorientar los recursos públicos que se entregarán a los partidos políticos en calidad de prerrogativas para las campañas electorales del año próximo, tema que agarra forma, se deforma, se discute, despierta dudas…

Pero también se ha puesto sobre la mesa (incluso en una iniciativa a través de la plataforma change.org) la posibilidad, la sugerencia, la propuesta o la exigencia de darle un mucho mejor y más provechoso uso al dinero destinado a hacer más llevaderos (muchísimo más) los días de los ex presidentes: cancelarles las pensiones y etiquetar ese dinero para la reconstrucción.

Y entonces Fox hizo mutis: publicó un llamado a donar para los damnificados a través de distintas instituciones con alguna frase plañidera. Un par de mensajes en redes, discreto, nada estridente, nada qué ver con sus campañas contra AMLO, Maduro y Trump. Ningún rastro de la investidura presidencial, cero huellas de estadista, ni con el microscopio se le encuentra célula alguna de la estatura política que a tantos pareció convencer para llevarlo a Los Pinos.

Su recibo de nómina como expresidente, única pista del sexenio aquél.

Periodista en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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