Callejón de La Musa

El silencio de Nicasio

El viernes 1 de abril Nicasio Aguirre Guerrero, silaoense que desde los 15 años ingresó al Ejército y a partir de ahí continuó una formación que lo llevó a ser un policía de élite en el grupo especializado de la Procuraduría de Justicia para llegar hasta la titularidad de una Dirección General de Seguridad Pública Municipal, habló y calló sobre un hecho que marcó y prácticamente selló el funesto desenlace de la administración del priista, abogado y notario público Enrique Benjamín Solís Arzola.

El Niki habló, pero también calló.

Sometido a un interrogatorio que le dio la posibilidad de decir lo que quiso decir, pero a fin de cuentas, en la sala de un juzgado y sentado ante un juez, cumplida la orden de aprehensión que existía en su contra desde hace un año y medio, señalado por dos involucrados, confesos y sentenciados en el ataque contra Karla Silva, Nicasio Aguirre acusó y se excusó; culpó y se exculpó; apuntó y soslayó su parte en la trama criminal en unas cuantas frases:

“Me hice el loco; yo no quería”.

Pero Nicasio Aguirre guardó silencio ante las preguntas procedentes de la propia Karla Silva –que se quisieron hacer en la audiencia del viernes a través de la asesora jurídica de la reportera-. A ella, el Niki no le quiso responder.

¿Qué pudo haberle dicho el ex Director de Seguridad a quien, todo apunta en datos de prueba, testimonios incluso de colaboradoras cercanas, fue su víctima y con ello cumplió una orden superior?

¿Cómo explicar, por ejemplo, el silencio cómplice evidenciado en sus excusas dichas ante el juez de que lo supo y no quiso, que le ordenaron y no obedeció, que le pasó el encargo a otro?

Excusas que suenan y parecen y serían falaces si se da una mirada atrás, a los meses a partir del 4 de septiembre de 2014 cuando se consuma una agresión orquestada por la incomodidad de “unas notas”, porque en lo que va de este proceso se han desahogado otras numerosas audiencias en las que se han conocido detalles, fechas, encuentros, acuerdos, hechos en los que Nicasio Aguirre aparece no eventualmente, no circunstancialmente, no casualmente, no de manera culposa o accidental.

Aparece siempre y activo, estratega. Instigador, es la acusación.

Inédito por donde quiera que se le vea, el avance de este proceso judicial tras la agresión a Karla Silva y a Adriana Palacios, reportera y colaboradora del periódico El Heraldo de León, dio con la consignación y la vinculación a proceso del mismísimo ex presidente municipal de Silao Enrique Solís Arzola; de quien fuera su Director de Seguridad, Nicasio Aguirre, y del coordinador operativo de éste, Jorge Alejandro Fonseca Durán.

Las tareas que han llevado a alcanzar tales objetivos han corrido a cargo de la Procuraduría de Justicia, del Poder Judicial, de una opinión pública que incidió, de organizaciones de la sociedad civil solidarias y de un gremio demandante que, irritado y ofendido de por sí por el escenario nacional y la lista creciente de periodistas, fotógrafos y camarógrafos golpeados, desaparecidos, amenazados o asesinados, no se lo pensó dos veces antes de acudir al despacho del entonces alcalde Solís, abierta la puerta para ingresar a Guanajuato en esa deshonrosa lista que tiene a Veracruz y a su gobernador Javier Duarte de Ochoa disputando el primer lugar con Miguel Ángel Mancera y la CDMX.

Es por ello que ambos, Enrique Solís Arzola y Nicasio Aguirre, dijo el juez de oralidad penal, entraron al Cereso de Irapuato en calidad de inculpados como instigadores en este caso, en esta historia que marcó un antes y un después en la vida de Karla y de Adriana, de sus familias y su entorno.

Que tendría que marcar un antes y un después, ojo, para el autoritarismo silenciador del ejercicio periodístico en el país.

Verónica Espinosa

Periodista desde hace más de dos décadas en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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