El mundo vulnerable

 

El Estado Islámico hizo su reaparición impactante, brutal y con efectos devastadores en el mundo de Occidente, a unos pocos meses de los atentados que mataron a decenas de personas en París.

Esta vez, el aeropuerto y el metro de Bruselas, en Bélgica, fueron los blancos físicos para depositar el mensaje de odio que por siglos se ha intercambiado entre ambos mundos, entre las economías, los afanes de dominio territorial, económico, energético, religioso…

Un aeropuerto por el que transitan cada año más de 21 millones de personas.

Una estación del metro que se encuentra, simbólicamente, muy cerca de todas las oficinas y sedes internacionales, particularmente de la Unión Europea, lo que se ha tomado como un claro mensaje.

Desde este lado del mundo, luego de la tragedia parisina, la reacción de las fuerzas de seguridad francesas y europeas fueron amortiguando, apaciguando y echando al olvido -como la noticia de ayer- los riesgos permanentes, sólo adormecidos, latentes y en guardia.

Europa, más vulnerable que nunca, escriben los analistas y las agencias internacionales de noticias.

Porque siempre queremos encontrar el motivo inmediato y olvidamos con facilidad la historia, se atribuyen los ataques con explosivos –presumiblemente con un par de emisarios que se habrían inmolado- a la reciente localización, apenas unos días atrás, de uno de los presuntos responsables de los ataques a París, precisamente en Bruselas.

El hombre fue asesinado por la policía.

Cierre de fronteras, suspensión de los servicios de transporte públicos, operativos por todos los puntos de la ciudad, seguimiento de videograbaciones en aeropuerto, en el metro, en las calles…

Lo vimos en París.

Pero lo que también vimos y el Estado Islámico se ha ocupado de ratificar ahora en Bruselas, es la capacidad de respuesta, de venganza y de presencia permanente que tiene y que puede desplegar en cuestión de horas para responder, en este caso, a actos como las detenciones o la localización de algunos de sus cuadros.

A los últimos golpes que las policías europeas dieron, las redes yihadistas mostraron un solo, certero y muy rápido contraataque que bastó para demoler los restos de la confianza europea, de la alerta y de la aparente seguridad que había sido reforzada en Europa tras los sucesos de París.

Lo que advierten ya funcionarios europeos y expertos en seguridad es una oleada terrorista.

Noruega, Gran Bretaña, Bulgaria, España, Francia, Bélgica, han sufrido ataques masivos con precisión quirúrgica del 2005 a la fecha, adjudicados o reivindicados por Al Qaeda, Hezbolá, el Estado Islámico.

Europa se ve inmersa en un año difícil, ante una alerta casi total.

En Bélgica se logró detener o localizar a un importante número de integrantes de la red yihadista que se encontraba en esta región.

Pero no a todos, y tampoco con la suficiente fuerza como para conjurar los riesgos, como se vio este martes 22 de marzo en Bruselas.

Además se reconoce que hubo advertencias previas sobre este tipo de ataques. Uno, y los que posiblemente siguen.

Aunado a este escenario, vienen también las reacciones, que las habrá, del mundo occidental.

Un mundo, todo él, vulnerable.

 

 

Verónica Espinosa

Periodista desde hace más de dos décadas en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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