Callejón de La Musa

Para cualquier ciudadano, no hay una manera más directa de calibrar el éxito o el fracaso, la eficiencia o la incompetencia de una administración  municipal que los servicios: alumbrado, seguridad pública, abastecimiento de agua potable, recolección de basura, limpieza…

Como se sabe, son este tipo de servicios los puentes que acercan o alejan a los habitantes de un municipio de sus autoridades más inmediatas, los alcaldes y ayuntamientos. En ellos se calibra las capacidades mínimas, básicas, de un gobierno, para prestar las atenciones elementales que mantienen el orden de una comunidad.

Como sociedad, producir basura en exceso, no acatar las disposiciones en materia de horarios y sitios para la recolección y el depósito de desechos o algo tan sencillo como no mantener limpios los frentes de las casas, el tramo de calle que toca, son los síntomas de lo mucho que falta por hacer, de la abulia, de la falta de civismo…pero también del fracaso de gobernantes, incapaces de motivar, organizar y conducir la organización ciudadana para algo que parece tan sencillo como mantener una ciudad, un municipio, limpio.

En trienios pasados en Guanajuato capital vimos distintas estrategias en el escabroso tema de la basura y el servicio de recolección: alcaldes que salían a barrer a las calles, campañas para limpiar lechos de arroyos, aplicación de multas, nuevas rutas de los camiones con el campaneo…algunas funcionaron, otras sufrieron un rotundo fracaso.

Pero en los años recientes, la cada vez más marcada ineficiencia de funcionarios, estrategias, recursos y programas se ha mostrado de una manera más evidente, y la última semana del año la basura sencillamente se desbordó por toda la capital.

La actual administración simplemente ha sido incapaz de atender eficientemente este servicio, tal como ocurrió con la anterior, y la anterior. Entre la semana del 23 de diciembre al 2 de enero, decenas de contenedores en distintos rumbos de la capital estuvieron rebosantes, insuficientes, repletos de basura. Por una parte, porque hubo ciudadanos que no atendieron al aviso de no sacar la basura el día 25 porque no habría servicio de recolección. La otra: no hubo servicio de recolección en varios rumbos de la capital ni el 24, ni el 25, ni el 26, ni el 27, ni el 28, ni el 29…

En algunos rumbos, el personal de Limpia desalojó algunos contenedores por una sola vez en toda la semana, así que apenas estaban vacíos cuando aquellas personas que habían guardado la basura durante dos o tres días en sus casas, salieron a depositarla y los volvieron a llenar, porque el campaneo no funcionó; las rutas no se cubrieron.

En contraste, el centro de la ciudad repleto de visitantes (y también de hoteles, restaurantes y bares productores de toneladas de basura) no sufrió por la falta del servicio.

Quienes pudieron entrar al centro copado de tráfico, así lo pudieron constatar.

Muy bien por el primer cuadro de la ciudad.

Muy mal por el resto de la ciudad.

La inoperancia fue evidente para muchos de los habitantes, quizás no para los turistas.

Quienes aquí se quedan, lo saben.

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Periodista en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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