Callejón de La Musa

0
71

Hollywood dijo #YoTambién.

Por fin, el sector femenino y alguna parte del masculino de la poderosísima industria cinematográfica de Hollywood ha desencadenado su propio movimiento de denuncia por las prácticas de acoso laboral, sexual y abusos cometidos contra cientos de mujeres que desempeñan diversas tareas en la llamada Meca del cine, lo mismo actrices que trabajadoras de todos los rangos.

Ha sonado fuerte y alto el discurso pronunciado por Oprah Winfrey, la mujer más poderosa de la industria de medios y espectáculos en los Estados Unidos, y se espera que su abierto desafío al silencio sea el impulso que le faltaba al movimiento #MeToo (Yo también) por medio del cual han salido decenas de actrices a describir las situaciones de hostigamiento sexual y violaciones a cargo de directores, productores, actores y otros personajes de la industria.

Seguramente no son las únicas, pero como se sabe, son quienes tienen la atención y posibilidades de denunciar públicamente y ser escuchadas. Como lo dijo Oprah, muchas han debido callar porque, como ocurre en la sociedad en general, hay hijos qué alimentar y deudas qué pagar, pero también autoridades que solapan, escasa solidaridad, cultura machista, escasa justicia…

Oprah puso como ejemplo el de Recy Taylor, una mujer de color que en 1944, saliendo de misa, fue secuestrada y violada por seis hombres blancos en Alabama, quienes además la amenazaron de muerte si hablaba de lo ocurrido. Pero a fin de cuentas, consiguió la ayuda de una organización de apoyo a personas de color, donde encontró en la activista Rosa Parks a una defensora tenaz.

Nunca consiguió ver a sus violadores en la cárcel porque un jurado los exoneró. Pero un día, muchos años después, pudo escuchar una disculpa ofrecida por las autoridades de Alabama.

Nada de justicia, algo de reparación.

Voces tan poderosas como la de Oprah Winfrey o las de esas actrices que vistieron sus elegantes trajes negros en señal de protesta y anunciaron que hay millones de dólares para respaldar a víctimas de acoso y abuso sexual no pueden tener desperdicio, en un contexto como el que se vive en Estados Unidos o en México.

La violencia contra las mujeres aumenta en saña y en brutalidad. Las autoridades cuentan con más herramientas como los tipos penales, protocolos de investigación y nuevas formas de procesos judiciales para frenar en algo la impunidad, pero se producen pocos impactos en la prevención de esa violencia, en la eliminación de la misoginia, en la modificación de las estructuras de poder para avanzar en la igualdad de derechos para hombres y mujeres.

Ojalá que esos liderazgos sean perdurables, que esas voces no dejen de denunciar y de hablar por otras tantas mujeres que no pueden hacerlo, que la decisión de aportar recursos a la lucha contra la violencia hacia las mujeres alcance a favorecer a muchas víctimas, que hagan la diferencia, el cambio, el efecto.

Eso espero #YoTambién.

Periodista en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor escribe tu comentario.
Please enter your name here