Crónicas de la Isla Azul

1.- El lugar donde los pobres son felices

La isla azul parece un país distinto, pero, evidentemente, no es.
Aquí la magia funciona casi a la perfección. Todo tienen un por qué. Todo tiene una causa.
En la isla no hay espontaneidades, ni improvisaciones. Todo está perfectamente planeado y si algo falla, la simulación forma parte del refinamiento exacto de la magia.
Así es el sistema. El sistema azul.

Este 2018, aquí vivimos una nueva etapa.

Hay un gobernante joven que mantiene una relación estrecha con el patriarca y esa cercanía le favoreció para llegar al gobierno. En la isla, los patriarcas no sólo ungen a los elegidos, sino que además mantienen su poder detrás de ellos.

Esa es la condición. A diferencia de otras islas del país, en la azul del bajío, la autonomía existe, pero la independencia no. Aquí funciona un sistema entre lo mundano y lo bíblico, como si los protagonistas estuvieran interpretando el capítulo 29 del libro de los Hechos. Obviamente, en una versión torcida y contaminada.

Hace unos meses, por cierto, los habitantes de la isla, eligieron a su nuevo rey. Sí, a su nuevo rey. Aquí el sistema de gobierno es algo extraño, entre la monarquía y la democracia. El pueblo elige representantes, pero quien gobierna es el rey.

Hace unos días, fue elegido como el sustituto del trono de la isla. Logró llegar con el apoyo del patriarca, por supuesto, pero también por el incondicional respaldo de uno de los feudos de la zona más próspera. Sólo bastaron algunas traiciones y varios millones de pesos.

Nada distinto a lo que ellos han practicado en las últimas tres décadas. En el intento se quedó otro aspirante. Un joven político de la cámara alta que había pactado su arribo al trono, como quien hereda una propiedad. Pero las formas y los fondos, provocaron que la opulencia de la isla le diera la espalda, aunque para ser más verdaderos, todo fue parte del pan, perdón, del plan.

Aquí, quizás como en otros lugares del país, los feudos definen gobernantes y los patriarcas los palomean. Llevan casi medio siglo con esa fórmula mágica que hace de la simulación, una perfección envidiable. Y, aunque nadie reconoce la frase como verdad, en los círculos cercanos al feudo, se dice que su mejor dicho es: El que obedece no se equivoca. Se supone que esa es la prueba.

Lo sorprendente de la isla, es que su esquema de gobierno mantiene contenta a una gran parte de la gente pobre. Ellos no solamente se sienten satisfecho, sino alegres por todos los recursos que les llegan vía regalos. Aquí le llaman subsidios, pero en realidad son dádivas.

Algunos estudios han comprobado que aquí, el nivel de contentamiento es mucho mayor al de otras zonas cercanas. Podríamos decir que en la isla azul, los pobres son felices. Quizás como cuando el pueblo de Israel era sometido por los egipcios a cambio de una buena vida. Curioso, pero verdadero.

Esa misma prosperidad podría ser una de las razones del plan maestro, de su contentamiento, aunque hay quienes advierten de una estrategia mañosa de manipular la información para hacer creer lo que no es. Y justo esa operación, es otra de las apariencias perfectas de esta gran isla del bajío.

Habrá que anticipar que, aquí en el territorio azul, la crítica se tolera minimizándola y los errores se censuran. Hacer lo contrario, desata la furia de los feudos y, por supuesto, también del patriarca. El rey es más discreto.

Durante estos años recientes, el feudo logró mantener en la fiscalía de la isla a un hombre que controla a la policía. Su poderío ha desatado una guerra sangrienta que suman casi mil muertos y seis centenas de desaparecidos. Las cifras son preocupantes. Un grupo de civiles han formado un par de agrupaciones para evidenciar y contabilizar a cada uno de los muertos de la isla, pero ante el nulo apoyo de los opositores (quienes recién se han formado), los reclamos de todos ellos son como quien grita en un desierto solitario.

El nuevo ungido de la isla, sabe que hay un riesgo de rebeldía civil y, ante los destellos de violencia, ha hecho movimientos importantes a fin de conservar el trono. Por ejemplo, ha hecho recordar aquella historia de Roboam, el hijo del rey Salomón, quien por su inseguridad, despreció el consejo de los ancianos y escuchó, erróneamente, las recomendaciones de los jóvenes.

Este 2019, todos seremos testigos del nuevo reino de la Isla Azul.

Inicia su periodo.

¡Viva el rey!

Periodista con más de 19 años de experiencia. Académico en varias Universidades de Guanajuato. Conferencista, colaborador y Columnista.

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