Del dolor surge la fuerza: víctimas de una explosión

SILAO, Gto.- “Tenemos que seguir viviendo, tenemos que seguir la vida. A pesar de todo tenemos que seguir”. Así es como vive una madre el dolor de una pérdida.

Rosa no sólo dijo “adiós” a su esposo e hijo y cuida al mayor en un hospital de Salamanca por graves quemaduras, también perdió la única fuente de ingresos económicos de la que dependían 9 personas. El dolor no cesa y vive el cruel acoso de las autoridades.

La tarde del pasado martes 10 de enero el estallido del polvorín ubicado en la comunidad de Nápoles, propiedad del señor Martín, quitó a Rosa Laura Jasso Tovar parte de lo que considera como lo más importante de su vida: su familia.

Alan Guadalupe, Leonardo Martín Hernández Jasso y su padre Martín Hernández Ramírez, disponían esa mañana labores en su taller de artesanías pirotécnicas a espaldas del Puerto Interior.

Un rato antes, Alan se despidió de su madre y volvió para pedirle la taza de café que lo ayudaría a soportar el intenso frío. Con tan sólo 21 años lo describe como un “muchacho sonriente”, “amiguero” y que siempre “hacía fiesta de todo”. Nunca imaginó que sería la última vez que vería completa a su familia.

Una motivación

Sus dos ángeles ya fueron sepultados. Amigos, familiares y vecinos cooperaron para el sepelio, los gastos de los Rosarios y con lo que pueden desprender de sus bolsillos, apoyan en los traslados, alimentos y hospedaje de Rosa y su nuera Nancy -esposa de Leonardo-, al hospital. Leo permanece bajo atención intensiva en el Centro Estatal de Cuidados Críticos donde atienden a víctimas de quemaduras.

Matías, su bebé de 5 meses, le da fuerzas para recuperarse. Por la ausencia obligada de su mamá ha abandonado su etapa de lactancia natural. “Hasta la vida del bebé está cambiando porque ahora toma puro biberón”, dice la abuela.

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Rosa no comprende por qué ocurrió la tragedia. Martín fue siempre un hombre muy cuidadoso con su trabajo. Cuando trataba con materiales de mayor riesgo, pedía a sus dos hijos que llegaran más tarde al taller y así lo hacían. Su pequeño de 11 años no se involucraba en las actividades.

Subsistir y resistir

El camino es largo. “Es muy difícil para nosotros ahorita sostener los gastos para visitar a mi hijo que está internado; allá se queda su esposa. Los amigos de mis hijos están apoyándonos y es la manera de que ahorita estamos solventando todos estos gastos”. Del taller de elaboración de castillos y cohetones dependían también su suegra y dos sobrinas.

Los médicos pronostican que Leo permanecerá hospitalizado entre 2 y 4 meses. Le dicen “que tenemos que tener paciencia, que está bien (el joven), que está mejorando en su estado de salud pero nos va a llevar tiempo; va a necesitar terapias y estamos pidiéndole a Dios que todo salga bien”.

La familia de artesanos se siente hostigada por las autoridades, pues han sido amenazados con que se realizará una investigación. “Que era un delito lo que había pasado y que iban a buscar culpables. Y yo la verdad no entiendo cómo pretenden hacer si el trabajo de mi esposo era legal, tenía su permiso, todas las medidas de seguridad que les exigen en Sedena. Ahora sí que fue un accidente pero si ellos quieren buscar culpables, que los busquen.

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“Vienen (autoridades y demás) y asustan a las personas que están aquí (en su casa). A mi niño me lo asustan mucho y no quiere salir ni de su cuarto porque no quiere que le estén diciendo… que fue su papá.

“Nadie me ha dado la cara para decirme lo que quieren… yo soy la esposa de él. No he tenido ningún acercamiento con ninguno de ellos pero, sí me han comunicado todo lo que han venido a hacer”. Fueron a los restos del taller en busca de “pistas” para conocer los motivos de la explosión, “pero dando a entender que fue algo que provocaron ellos mismos”, refirió a sus familiares hoy fallecidos.

“A pesar de que estamos viviendo un problema bien difícil, todavía tenemos que soportar que nos vengan a acosar de esa manera”. Recién ocurrió el accidente, por varias horas uniformados rondaron la calle Francisco Villa donde vive la familia. No dieron motivos.

Hay esperanza

La acongojada madre se dice agradecida con todas las personas que se han sumado a su dolor y apoyado tanto económica como moralmente. “Gente que no conozco… y especialmente a las personas que se llevaron a mi hijo al hospital”, entre ellos empleados de la empresa Nestlé. Tal vez esa intervención permitió que Leo salvara su vida, “a lo mejor de ellos dependió que esté vivo”.

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Para seguir adelante y motivar al joven padre “hay que echarle valor”, sonríe Rosa. “Porque mi hijo está internado y él está siendo muy valiente, le está echando todas las ganas. Él quiere salir porque se quiere regresar con su familia”. Está consciente de que fue el único sobreviviente “y se desespera porque piensa que no tenemos (dinero) con qué comer, para estar yendo y viniendo (a Salamanca”.

El apoyo de la gente es el que “nos está sacando adelante”. Luego de que egrese del hospital vendrá la etapa de rehabilitaciones. “No sé cómo vamos a salir, no sé cómo le vamos a hacer para pagar (los gastos) porque para estas cosas uno no se prepara. Al rato que nos pasen la cuenta es donde vamos a ver qué tanto vamos a necesitar”.

Amor al peligro

Los tres eran muy trabajadores. “Decían que ellos podían hacer los mejores castillos y que no había quien les ganara. Les gustaba mucho su trabajo” que elaboraban principalmente para las fiestas patronales de comunidades de Silao, León y Guanajuato.

“Estaban conscientes del peligro que corrían, ellos lo sabían”, pero les gustaba mucho el trabajo que la familia ha realizado desde hace 4 generaciones. “Por eso no lo querían dejar”.

En un gesto de aliento, amigos y familiares también se reunieron para realizar la limpieza del terreno en que se ubicaba el polvorín. A las afueras de su casa está por concluir el Rosario que reúne a decenas de creyentes.

Hoy la familia Hernández Jasso requiere de la solidaridad de las personas. Los actos de buen corazón nunca llegan tarde.

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