Diego: repliegue, ausencia, frivolidad

Contrario a lo que dictarían los cánones para un político joven cuyo nombre aún no se encuentra posicionado entre los ciudadanos y que acaba de obtener la responsabilidad más importante de su carrera, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo está manteniendo una agenda ralentizada y de muy bajo perfil.

Aunque algunos de sus panegiristas en la prensa han querido sugerir que Sinhue “tiene prisa”, dicen otra cosa los eventos diarios de su agenda, tampoco lo evidencia la decisión de mantener a tres cuartas partes del gabinete de su antecesor y menos lo valida su refractaria política de comunicación social.

En realidad, en ninguno de esos terrenos, discurso, equipo y agenda, está mandando Sinhue un mensaje de cambio, de renovación, sino exactamente el reverso.

El diagnóstico debería iniciar con el lugar que el nuevo gobernador de Guanajuato ha elegido como su cuartel general: el edificio de oficinas empresariales conocido como el “G100” en Guanajuato Puerto Interior.

El gobierno en un “centro de negocios”. Foto: skyscrapercity.com

Desde la campaña electoral, ese lugar fue sede de las reuniones del estado mayor dieguista, sin que se supiera a título de qué ocupaba las oficinas. Se trata de un lujoso edificio con diseño vanguardista justo a la entrada del desarrollo industrial más emblemático de la entidad, propiedad del empresario leonés Gabriel Padilla Cordero, el cual fue planeado como oferta inmobiliaria para oficinas de corporativos industriales en la zona.

Sin embargo, uno de sus primeros clientes fue el propio organismo estatal GPI, que encabeza el exalcalde panista Luis Quiroz Echegaray. No se ha explicado, como suele ser costumbre, por qué Guanajuato Puerto Interior dejó las cómodas oficinas de que disponía en su propio edificio, construido durante la gestión de Jorge Acevedo Alarid, para ir a rentar un espacio privado.

Y menos aún se ha puesto sobre la mesa en carácter de qué algunas de esas oficinas se utilizaron como cuartel de campaña del candidato panista a la gubernatura, si es que se pagó alguna renta o fue una aportación de campaña. En Guanajuato, el tango en la oscuridad entre empresarios y funcionarios parece estar viviendo sus mejores tiempos.

Pero una vez pasadas las campañas, a Diego Sinhue parece haberle gustado la idea de tener sus oficinas cerca de la ciudad de León, en donde ha decidido permanecer por razones de índole familiar, no obstante que el gobernador dispone de una residencia oficial en Guanajuato, en la exclusiva zona de Marfil. Aunque la decisión es comprensible, tampoco seria ni el primer ni el último servidor público que peregrina a diario entre León y la capital del estado para cumplir con su encomienda.

En realidad, el Palacio de Gobierno de Paseo de la Presa hace tiempo que ya no es la sede del Poder Ejecutivo, si nos atenemos a la cantidad de tiempo que pasan los mandatarios en el viejo despacho de decoración afrancesada que no ha sufrido remodelaciones sustanciales desde el gobierno del priista Rafael Corrales Ayala.

Juan Manuel Oliva convirtió el Centro de Convenciones de Guanajuato, poco utilizado como tal, en una oficina alterna a la que le dio sobre todo uso protocolario. Miguel Márquez ya prácticamente no salía de allí. Ahora Sinhue ha ido un poco más lejos al moverse al espacio en la carretera Silao – León.

En el G100, un edificio cerrado al que solo se accede con identificaciones o después de pasar varios controles, el gobernador no puede ser “importunado” por ningún ciudadano o grupo de ciudadanos, no “padece” manifestaciones, ni el molesto “acecho” de periodistas.

Se trata de una elección, casi en la misma línea de la que se tomó para evitar las engorrosas entrevistas banqueteras y las conferencias de prensa con preguntas. Por cierto, todas esas decisiones han sido aceptadas, en unos casos con resignación y en otros hasta con complacencia, por los medios estatales que ya solo esperan los comunicados oficiales para dar cuenta de la actividad gubernamental, con lo que entramos de lleno en la era “Fifí” de la comunicación social en la entidad.

No se trata de la mejor manera de construir una imagen de político activo, emprendedor, innovador y resuelto a acabar con los problemas. Más bien estamos ante alguien que se está reservando, que no quiere exponerse y que quiere mantener bajo control todas las variables. En términos de box, deporte al que es afecto, Sinhue quiere pasar los primeros rounds evitando los golpes y estudiando la táctica de sus contrincantes.

La apuesta por una política evasiva tiene sus riesgos, como también suele pasar en el boxeo. El contrincante que se concentra en esquivar a menudo llega a cubrir los quince asaltos, pero pierde la batalla por puntos ante alguien más aguerrido.

Llama la atención que el gobernador Sinhue, un político de corte abierto hasta antes de su conversión en delfín del exgobernador Márquez, considere en el catálogo de sus “contrincantes” a los partidos de oposición y a los representantes de los medios de comunicación, cuando bien podrían ser sus aliados en una línea más abierta que ubique algunos de los verdaderos retos de Guanajuato: la inseguridad, las fragilidades de la apertura comercial, la desigualdad, el deterioro medioambiental, las decrecientes reservas de agua, la crisis de movilidad y la agenda migratoria.

Hace unos días, con la agenda de la seguridad, el Secretario de Gobierno, Luis Ernesto Ayala, a quien se quiere convertir en una especie de vicegobernador político, comenzó reuniones con los partidos, iniciando por Morena, aparentemente el más combativo, lo que despertó reclamos en el PAN para lograr agendar una reunión de inmediato.

Este fin de semana, el gobernador Sinhue Rodríguez, reunió a los legisladores de la bancada panista pero para asuntos de tipo partidista: el apoyo al candidato nacional Marko Cortés y la renovación del consejo político estatal del PAN.

Parece un absoluto contrasentido que el gobernador de todos los guanajuatenses disponga de tiempo para las actividades de su partido y no lo tenga para dialogar con otras fuerzas políticas y construir acuerdos que permitan un trabajo conjunto, frente a un panorama nada halagüeño como gobierno y sociedad.

En los pits. Foto: Facebbok

Un apunte más. Hace dos fines de semana el gobernador de Guanajuato y el director de Puerto Interior fueron vistos por numerosas personas en la zona VIP del Gran Premio de México en el autódromo Hermanos Rodríguez. Días antes una investigación del diario Correo había puesto en evidencia que Sinhue estaba reservando la agenda desde el viernes y descansando los fines de semana de las actividades oficiales.

Nada tiene de censurable que el gobernador aproveche las invitaciones de empresas privadas, en este caso al parecer fue de Pirelli, para relajarse al tiempo que hace relaciones públicas. Sin embargo, la combinación de secretismo, aislamiento y escapadas de este tipo, puede ser sumamente contraproducente.

Nada se perdería si se informara con oportunidad, pues al hacerlo a escondidas se hacen de delito y, de todas maneras, siempre hay un “yo te vi”.

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