El combate de flores de Silao

¿Cuántas historias contarían los espacios si fuesen capaces de narrar todo lo que sus lugares han sido testigo?, ¿cuántas palabras y promesas rotas?, ¿cuántas batallas ganadas?, ¿cuántos triunfos y derrotas?. Uno de los sitios más emblemáticos del municipio de Silao es la Alameda, la cual se encuentra a un costado de la estación del antiguo Ferrocarril Central, fue construida durante el Porfiriato y era uno de los principales atractivos de la población. A ella acudían los habitantes, los vendedores y los viajeros que atravesaban diferentes territorios.

Con el tiempo la Alameda se convirtió en el escenario de una de las celebraciones más importantes de la población silaoense: el combate de flores. Éste surgió en la ciudad de México en el año de 1890 bajo la tutela de la Comisión de Paseos y Festividades los cuales solicitaron  la organización de dicho evento.

La fiesta consistía  en presentar carruajes adornados con distintas flores cuyos propietarios tenían la libertad de arrojárselas entre ellos, de ahí el nombre que se le dio. El primer combate se celebró el domingo 27 de abril de 1890 y tuvo  la participación de 23 carruajes  de los cuales el ganador fue el de Carmen Romero de Rubio, esposa del presidente Porfirio  Díaz. Para el año de 1903 la festividad  gozaba de gran popularidad por lo cual la convocatoria se abrió a los carruajes particulares, automóviles y bicicletas y en  1909 se agregó la elección de la reina del evento.

En el caso de Silao el combate de flores es una de las tradiciones con más arraigo entre la población. Anteriormente se llevaba  a cabo los días 25 y 26 de julio. Aunque las fiestas daban inicio con la coronación de la reina la cual generalmente se realizaba en el cine Montés, era abierta a todo el público y se contaba con la presencia de algún artista de renombre.

A este acto le seguía el baile de gala, en el cual era estricta la asistencia de los hombres con traje y las mujeres con vestido largo. Se llegó a realizar en diferentes lugares como el cuartel, en salones de fiesta o incluso en algunas escuelas. Finalmente las festividades concluían con el combate.

El día 25 de julio comenzaba el evento al atardecer, era común que  acudieran los carros con alguna decoración alusiva a la fecha o cubiertos de flores. Por lo general se iniciaba el recorrido en la esquina de la escuela Efraín Huerta, aunque no existía un protocolo específico. Las personas, los caballos y los autos recorrían   hasta la altura de la calle Carrillo Puerto.

Como era una de las fechas más ansiadas por los habitantes del lugar, se buscaba disponer del mejor vestuario para que se pudiera ser del agrado del pretendiente. Las flores preferidas para la ocasión eran las rosas, sin embargo se apreciaba un amplio colorido representado por nardos, gladiolas, girasoles y claveles. Éstos se podían conseguir un par de cuadras antes de llegar a la estación donde se ubicaban algunos vendedores con sus cubetas llenas de ramos.  En ciertos casos, cuando no se disponía de efectivo, algunos caballeros optaban por ir a cortar flores al campo y con ellos sorprender a la persona amada. Si por azares del destino el 25 de julio  caía una fuerte lluvia, los enamorados acudían al día siguiente para poder toparse con la dueña de sus suspiros.

El combate de flores es  uno de los acontecimientos más representativos para la población silaoense, era una manera  de sorprender a la persona querida con románticos detalles. Era una forma de plasmar el interés  y el afecto que las mujeres  despertaban en los hombres. Entregar una flor era sinónimo de simpatía y que ésta  fuese aceptada podía ser la primera chispa de  esperanza donde dos personas se habían conocido con fugaces miradas. Era un brote de añoranza por todo lo bueno que podrían traer las cosechas: frutos frescos, verdes paisajes y nuevos amores.

Es importante retomar la esencia de algunas tradiciones para que las generaciones jóvenes recuerden la importancia de los detalles, de los lazos que nos unen a otros y que construimos en el día a día.

Con el romance nos reconocemos. La compañía, el afecto, la reciprocidad, las miradas cómplices, los recados discretos, las sonrisas disimuladas y todo aquello que nos hacía parte de las mejores historias de amor que podemos encontrar, aquellas que escuchamos en la voz de todos los que fueron valientes y se arriesgaron para poder ofrecer una flor a la persona indicada. ¿Cuándo fue la última vez que nos emocionamos al recibir una flor?

Paola María Trujillo Hernández.

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