El reino de Guanajuato

El PAN de Guanajuato juega a la monarquía perfecta.

Se trata de un nuevo estilo de gobierno que se impone a base de corrupción y estrategia, representada por un “César” que ha corrompido a opositores y sometido a sus más críticos.

Es el reino de Guanajuato.

La isla azul del país.

La nueva monarquía del terruño tiene funcionarios a fines, todos sometidos a la nómina, pese a tener autonomía en la ley. Su formación y agradecimiento, es la fórmula perfecta que les permite acceso a los puestos de inminencia.

Lo difícil es acceder a la silla del rey.

Éste entiende de dádivas y compra de voluntades en la tierra de gobierna. Para mantener el contentamiento entre su gente, ofrece dádivas estratégicas a los pobres y préstamos especiales a los nuevos productores que aportan millones al reino.

Todos saben que así opera el imperio. El mismo que ahora pretende extenderse por los otros estados de la República donde se perdió la fuerza de los ideales conservadores.

Digamos que aquí, la doctrina mantiene el poder.

Aunque los nobles están confiado en el valor de la marca, su desgaste ya es evidente. No por los ideales que son muy arraigados entre la población, sino por los protagonistas que gobiernan la única isla de la nación.

Pero además, habrá que sumar la inexistencia de una competencia sin contrapeso, de escasos liderazgos y sin credibilidad en el territorio, pero sobre todo, del poder absoluto que aplica su Señoría, quien mantiene tal control como para someter a jueces, legisladores y lo que sigue.

Lo que era un estado democrático o una isla ejemplar de democracia, se ha convertido en un reinado.

Un reino que, ciertamente, enriquece a sus guerreros, a sus operadores, a sus concejales y sus nobles y señores que forman parte de la aristocracia.

Vivir fuera del reino es prácticamente la ruina.

Jugársela dentro, es una aventura desafiante.

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