Entregarán a UG la última máquina de escribir de Ibargüengoitia

GUANAJUATO, Gto.-  La Universidad de Guanajuato recibirá en donación la última máquina de escribir en la que trabajara Jorge Ibargüengoitia Antillón, escritor “cuevanense” que trascendiera en las letras mexicanas por su indiscutible sentido del humor y la ironía de sus obras.
Así lo dio a conocer el también escritor Jorge F. Hernández, durante el convite, pastel y globos incluidos, que organizadores de la Feria del Libro de la Universidad de Guanajuato realizaron ayer para festejar el 90 aniversario del nacimiento del creador capitalino.
En el conversatorio titulado “Sálvese quien pueda”, estuvieron también presentes Juan Villoro, primer galardonado con el premio de literatura que hace honor al creador capitalino, y Trevor Rowe, hijo de Joy Laville, última pareja de Ibargüengoitia, mismo que anunció  la donación de la máquina para agradecer el premio que lleva el nombre de su padrastro, “el amor de la vida” de su madre.
En este sentido, aseguró que, como un joven “curioso” en formación, “con más preguntas que ideas” fue “un lujo” haber compartido parte de su vida con el guanajuatense, quien aseguró “influyó muchísimo en mi manera de ver el mundo, la política y la vida”, ya que remarcó, pese a ser conocido por su sentido irónico y critico de la sociedad, “su personalidad no era negativa, sino llena de entusiasmos y apreciaciones”.
Agregó que su empatía le permitió “transformar a los sinvergüenzas que formaban un mundo político corrupto en personajes convincentes y memorables; la política le proporcionaba una mina de oro para sus escrituras, y la risa fue su oxígeno para sobrevivir”, remarcó.
Por su parte, Juan Villoro remarcó que la lección que dejó el creador es la de poder transformar algo que no funciona y resolverlo de manera gozosa, y que esta manera de ver la vida es una forma de rebeldía, ya que aseguró, ironía transforma las circunstancias ridículas en humor adoctrinante, ya que recordó, como lo decía Monterroso, “la función del humorista es hacer pensar, y a veces hasta hacer reír”, ya que para el maestro del cuento corto, “lo importante del humor es que nos revela la vida de otra manera”.
“Yo creo que ahí es donde está la gran lección de Ibargüengoitia para nosotros que el sentido del humor no está al servicio de la risa o el chiste, sino de la revelación, de hacernos ver la vida en una forma absolutamente distinta”.
La fiesta celebrada en honor del maestro inventor de “Cuévano”, estuvo lleno de anécdotas y recuerdos del capitalino, que fueron completadas por Jorge F. Hernández, quien aseguró que su tocayo era un “dramaturgo que tenía mucha crónica en cada escena, y a la vez era un novelista que tenía mucho teatro en cada capítulo; creo que era un cuentista que congeniaba con lo que decía mi abuela Carmen, que es qué cuentas en el sentido de chiste o chisme, todo lo demás vale madres, pero si no los sabes contar echas a perder el chiste y escuchas a perder el chisme”.
La celebración se prolongó hasta bien entrada la noche, y concluyó con la representación de fragmentos de “Estas ruinas que ves”, obra en la que el escritor guanajuatense describió la vida de ese “Cuévano” imaginario que también es real, una evocación de la vida de un intelectual del pueblo; de sus borracheras; de sus noches; de sus días; de los chismes de boca en boca; de sus hombres y sus mujeres, idealizados y carnales, como lo es la sociedad en la que se basó para escribir la novela.

El escritor Jorge F. Hernández.

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