La eternidad de “Amor eterno”

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Guillermo Zapata

CIUDAD DE MÉXICO.- Que otros recurran a los lugares comunes para hablar de Juan Gabriel. Que otros digan que “ha dejado un hueco imposible de llenar”. Yo prefiero hablar de él reflexionando acerca de una de sus canciones. Es cierto, el compositor, el gran cantante —como la mayoría de nosotros los mexicanos— no tenía una buena formación escolar. Lo que sí tenía, y de sobra, era un excelente oído y una capacidad envidiable para resumir en sus canciones el sentir del pueblo: Juan Gabriel era una emoción.

La canción a la cual recurriré para hablar de él se titula “Amor eterno”. Trataré de analizarla desde mi modesta óptica de compositor. De entrada, digo que la música es maravillosa, por lo tanto me abocaré a la letra:

El primer verso que dice: “Tú eres la tristeza de mis ojos”, es de una belleza y una sencillez sólo comparable con el agua del río que, como lágrima, recorre lentamente la geografía de un rostro abotagado por el insomnio. “Me miro en el espejo y veo en mi rostro/ el tiempo que he sufrido por tu adiós”. La capacidad que tiene nuestra cultura, hasta cierto punto masoquista, de retorcer, de multiplicar el dolor, está perfectamente retratada en los versos: “Obligo a que te olvide el pensamiento,/pues siempre estoy pensando en el ayer./Prefiero estar dormido que despierto,/de tanto que me duele que no estés”. El estribillo es común y sí, es cierto, por obvia razón, el cantautor debió utilizar una coma en lugar de la “e” copulativa cuando dice: “Amor eterno e inolvidable”. Aún así creo que esto debe considerarse peccata minuta dentro del contexto de la canción.

El problema con el que nos topamos, cuando muere uno de nuestros seres más cercanos, como es la madre —lo cual generalmente nos negamos a aceptar— es el examen de conciencia, problema que Juan Gabriel enfrenta y al parecer libra pero al mismo tiempo no se perdona. Por eso, como la mayoría de nosotros diría, escribe: “…aunque tengo tranquila mi consciencia,/sé que pude haber yo hecho más por ti”.

Tengo el privilegio de convivir con excelentes escritores y poetas de nuestro país y a cada uno de ellos, en distintos momentos, he formulado la siguiente pregunta: ¿Conoces una soledad más canija, más aterradora que “Obscura soledad estoy viviendo,/la misma soledad de tu sepulcro”? La respuesta unánime ha sido: ¡No!

Soy de los que piensan que la muerte no debe otorgar carta de impunidad a nadie, pero tampoco elevarlo al Olimpo. Sin embargo, creo que si un único poema ha vuelto inmortal a su autor, “Amor eterno” está llevando, desde hace un buen tiempo a Juan Gabriel de la mano hacia la inmortalidad.

*El autor es periodista y compositor. Su música es resguardada en la Fonoteca Nacional.

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