La guerra de los pajes

En todo gobierno que se inicia hay siempre una guerra de pasillos, una intriga constante en los aparatos burocráticos que van a a ser relevados parcial o totalmente y una competencia descarnada entre los que aspiran a convertirse en los nuevos hombres de confianza del poderoso.

El relevo entre Miguel Márquez y Diego Sinhue Rodríguez, no es la excepción, pero tiene sus matices particulares, los cuales sin duda muestran en buena medida el talante de improvisación que caracteriza el gobierno en esta nueva etapa.

Cuatro personajes han protagonizado una dura batalla que ya deja heridos y muertos: Juanita de la Cruz Martínez, Ricardo Narváez, Christian Cruz y Gerardo Trujillo participan en una guerra “de pajes” por controlar las oficinas desde donde se imparten instrucciones, se mandan señales y se comunica el gobernador con el resto de su administración. Es decir, la batalla es por el centro neurálgico del gobierno.

Quizá la más avanzada y mejor posicionada es Juanita de la Cruz, quien ya emergió de esa sórdida lucha como titular de la Secretaría Particular, incluso desplazando a los personajes del equipo que le sirvió a Diego Sinhue en su paso por el gabinete marquista y ya como precandidato y candidato.

El entonces todopoderoso Juan Carlos Alcántara, “Charlie” para los amigos, organizó la agenda, manejó cuartos de guerra y desplazó a algunos de sus competidores como Rolando Alcántar, quien vive un temprano exilio que lo dejó fuera de todas las jugadas, solo como un diputado del montón.

Hoy, Charlie ocupa una virtual jefatura de gabinete que no es sino una secretaría ejecutiva que a la larga va a propiciar roces con la secretaria particular, tal y como ocurrió entre Ricardo Narváez y Christian Cruz, otros de los protagonistas de esta historia.

Narváez

La larga mano de Márquez

La rivalidad de los dos secretarios particulares de Miguel Márquez, que sobreviven en la nueva administración como una exhibición absoluta de poder del exgobernador, no es un secreto para nadie.

Se hicieron la guerra cuando convivieron como los dos brazos ejecutivos de la oficina del gobernador. Finalmente uno de ellos mordió el polvo, Cruz, al partir a una candidatura plurinominal destinada siempre al fracaso de la que fue rescatado por Éctor Jaime Ramírez Barba, en una muestra de lealtad del que fuera el primer círculo de confianza del entonces candidato Márquez.

Hoy, al ganador de entonces, Narváez, no se le encuentra acomodo para cumplirle los compromisos a Márquez, por lo que quiere rebotar en la secretaría general del Congreso, relevando de nuevo a Cruz quien está electo por un periodo de siete años, es decir hasta 2022. De cualquier manera, Christian tiene un seguro de vida pues fue incrustado como síndico en la planilla de Héctor López Santillana, alcalde reelecto de León a quien Diego Sinhue quiere teledirigir, quizá subestimándolo profundamente.

Para llegar a esa posición, Narváez requirió que se cayera el favorito de Diego Sinhue para ir al Congreso a hacer operación política, el exdirigente panista Gerardo Trujillo quien pretendía un desaseado proceso primero para desplazar a Christian Cruz mediante una renuncia forzada y después modificando la ley orgánica del Congreso para quitar el requisito de formación jurídica del secretario general, lo que hubiera armado un cochinero de antología.

Cruz por su parte ya había accedido a ceder la silla en la secretaría del legislativo, siempre y cuando se le impulsara como secretario del ayuntamiento de León en relevo del colmilludo y escurridizo Felipe de Jesús López Gómez, algo que al parecer no ocurrirá propiciando las primeras desavenencias entre López Santillana y Diego Sinhue.

No llama la atención que el gobernador Rodríguez Vallejo esté interviniendo sin facultades legales en el Poder Legislativo o en un ayuntamiento autónomo, pues esa es una conducta normalizada por los gobiernos panistas y acentuada en el último de Miguel Márquez, igual y como ocurría con el PRI. Lo notable es la torpeza y la exhibición de una operación cruda y casi a la luz pública.

Así que todo está en movimiento y solo se oyen las patadas bajo la mesa. Esto, mientras el gobierno concluye su primera semana aún sin acabar de conformarse, como si el largo periodo de 86 días entre la elección y la toma de posesión no hubiese servido para nada, salvo para viajes turísticos y de familiarización.

Si esto ocurre en las inmediaciones del propio gobernador, no habrá que imaginarse mucho el caos que priva en otras áreas. Es hora de que el piloto se de cuenta que ya subió el tren de aterrizaje.

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