La moral de Donald Trump

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Por Daniel Lanuza

Este documento no habla de migración ni tampoco de derechos políticos ni de nacionalismos, como tampoco hace una discusión profunda de las virtudes o defectos del modelo neoliberalista. Es una breve disertación abierta a la “moralidad” y pone el dedo sobre los “Derechos Humanos” acerca de los desmanes de Donald Trump cuando “abre la boca” y hace la faramalla de pelea contra “machos mexicanos” como parte de su estrategia política para ganar mejores votaciones delegacionales en estas “primarias”.

El Partido Republicano de los EE.UU. tiene como respaldo ideológico al “liberalismo”, una obviedad aparente, fenómeno político y económico que se difumina en el proceso electoral para el 2016 y, desde sus inicios la moral ha sido un buen argumento para revisarse en la sociedad americana, cuando menos en la mitad de la población. En efecto, D. Trump tiene grandes posibilidades de convertirse en el candidato a la presidencia de los EE.UU. de ese partido sino, serán uno de los senadores: Ted Cruz o Marco Antonio Rubio, Texas y Florida respectivamente que resulten electos en estas primarias (febrero a junio). Estamos en una fase preliminar según el Colegio Electoral de ese país y con muchas zozobras, incluso del lado de los “Demócratas”, su principal oponente político. Y, la “moral de Donald Trump” está muy entredicha debido a las declaraciones públicas verdaderamente escandalosas que las sociedades avanzadas de hoy sancionan ya que están identificadas por los “derechos humanos”. Simplemente el baluarte americano y resultado de la beligerancia del “American Civil War” de mediados del siglo XIX, de ese famoso enfrentamiento sangriento entre la Unión y los Confederados (1861-1865), los estados del Norte y los del Sur, proclamando independencia del Norte, un intento fallido y la Nación ganadora por la abolición de la esclavitud. Tema resuelto en México desde los “Sentimientos de la Nación” en 1813.

Después de una veintena de otros candidatos que se fueron retirando en la contienda inicial: Partido Verde, Constitucional, Libertarios, e Independiente (Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York) se sostienen los candidatos formales e inician su carrera durante las primarias: por los Republicanos: Ted Cruz, Marco Antonio Rubio, John Kasich y Donald Trump; por los Demócratas: Hillary Clinton y Barnie Sanders. Ambos partidos se proponen resolver el eje de la política bajo la bandera del “liberalismo”, por supuesto los enfoques son diferentes, no opuestos.

Veamos: Una de las características del conservadurismo del Republican Party de los EE.UU. es la constante defensa de la moral como argumento colegiado que une a los seres humanos en un eje de vida, los cuales son entes sociales y que necesitan de la comunidad; algo de gregarismo original y algo de colectivismo; ésto es, que el ser humano es un ser racional, es un ser muy social y por consecuencia no puede vivir fuera de los límites de la comunidad a la que pertenece. Así se explican el comportamiento de ciertas organizaciones sociales, colegios, ONG y OSC; algunas comunidades religiosas y doctrinas occidentales como el metodismo (wesleyano), arminianismo, calvinismo, etc.; así como otras doctrinas, las orientales, como el shintoismo, budismo, zoroastrismo; las cuales coinciden que el hombre es un ser elemental y sustantivamente espiritual, probablemente es, en una parte, lo que lo lleva a reunirse con otros de similar condición y credo, posiblemente un factor para coincidir en comunidad, hacerlo y puesta en común, según su etimología. Las premisas revolucionarias de libertad, igualdad y fraternidad impregnaron la política que contiene a los individuos, sus derechos y un Estado garante de las dos primeras desde la Revolución Francesa.

De hecho si somos congruentes con el discurso, hay eslabones trinos entre el liberalismo, el consecuencialismo y el conservadurismo: el punto está en los individuos de la comunidad humana, su moral y su libertad plena para ejercerla; el “liberalismo” se sostiene en la idea de que el hombre nace libre, actúa libremente y su pensamiento es igualmente libre, por lo que el hombre está libre de ataduras por su naturaleza y requiere de la condición social para crecer, desarrollarse y vivir en plenitud. Estos conceptos han sido muy apreciados por el Estado Capitalista y por los norteamericanos que lo creen completamente, al grado de imaginar un sofisma como el “American Dream” en la retórica y en la versificación narrada del anhelo de introspección social limítrofe a la Unión, en un espacio sumamente competido y comprometido con la “libre competencia económica”.

Podríamos decirlo de otra manera: si hay algún instituto político en EE.UU. promotor fisiócrata de la política norteamericana es el Republican Party, el cual sería genial para sus afiliados el que hubiera un Estado sin Gobierno como lo conocemos, o un Estado plenamente humano y comunitario o mejor dicho: un Estado con gobierno natural y reglas regidas por la naturaleza y probablemente así, habría nacido la competencia libre; cuando menos en el planteamiento de François Quesnay del siglo XVIII: “imaginemos un mundo de leyes humanas armonizadas con las naturales”. De este modo el capitalismo se subsume a esta idea primaria de la “riqueza de las Naciones” que Adam Smith (1776) propone para el experimento político de Estado más ambicioso de la historia de occidente: una promesa para construir el mejor Estado Capital en tierras de ultramar del Reino Unido, lejanas e incipiente crianza estatista de estirpe francesa.

La mayor parte de los norteamericanos sostienen la fortaleza económica desde la otra punta doctrinal del “liberalismo” como fuerza de trabajo hacia el crecimiento nacional, la sociedad es más rica a medida que sus seres humanos en comunidad trabajan por la riqueza: baluarte del capitalismo puro.

Con este enfoque comprendemos la política económica que G. M. Keynes y H. Dexter se proponen resolver en 1944 con el “Nuevo Orden Económico Mundial”, en el que EE.UU. apoyado por el Reino Unido intentan consolidar la democracia, el Estado de Derecho y las nuevas libertades económicas mundiales, especialmente aquella que está referida a América Latina, como se vería nuevamente replanteado con el “Consenso de Washington” en 1989.

Después de la Primera Guerra Mundial, sucede un fenómeno de limitación del Estado económico y de su pensamiento aristotélico, y el “liberalismo” se pronuncia hacia una metamorfosis gestora de un “neoliberalismo enrarecido” como versión actualizada del Estado pequeño: “el minimalismo del Estado” y hoy estamos frente a un replanteamiento de modelo más extraño: el “posneoliberalismo”, que se apertura a otras posibilidades de crecimiento y desarrollo, a la luz de Emir Sader (Clacso, 1995) y no, como lo han planteado sus analistas: “anticapitalista” ya que propone un modelo menos minimalista y más estatista hacia un colectivismo racional que perdure la libre empresa. Ésto es motivo de otra discusión.

Insistamos: la moral de Trump se ha vuelto un ingrediente dolido para los mexicanos y para México, en este sentido tanto Jorge Castañeda, Héctor Aguilar Camín, Roman Revueltas y otros tantos analistas están hablando acerca de las inmerecidas palabras norteamericanas para llevar votos a la urna el 8 de noviembre de 2016 y ganar la presidencia de los EE.UU. Trump es un “patán” y no merece a los EE.UU. Si la moral de Trump es la misma que la del partido que lo propone, entonces qué candidato es el candidato del Partido Republicano. Si la Real Academia Española (RAE, 2016) tiene razón, “moral” es análogamente: “conjunto de normas, tradiciones, costumbres y formas de comportamiento que la sociedad acepta por buenas o malas y que, es la propia sociedad que define qué está bien y qué está mal y las juzga”. Cualquier persona que se oponga a éste enunciado es por definición “inmoral”. Entonces, juguemos a los silogismos mediante una lista de “inmoralidades” vistas y asociadas a Donald Trump (2015-2016):

Es Irrespetuoso con los seres humanos que viven y son de México. Contra los mexicanos, entonces tiene un problema de “derechos humanos”. Es majadero con el discurso que pronuncia y con el que actúa. Contra los mexicanos, entonces tiene un problema de humanismo para vivir en sociedad y en comunidad, es opuesto a los lineamientos de la política que defiende su partido y de la Iglesia Presbiteriana a la que pertenece. Es ignorante de la cultura mundial, de los EE.UU. Contra la de México y la de los mexicanos, entonces es inculto no obstante a la cultura recibida por los jesuitas en su Alma Mater, allá en Nueva York. Es inculto de la política de los EE.UU. y de las relaciones comerciales formales entre México y EE.UU. Contra México, entonces tiene un problema de apreciación, cultura y sensibilidad política por lo que es opuesto a los fundamentos de las grandes corrientes políticas actuales que han generado el comercio multilateral y la vida económica. Por todas estas sinrazones, no tiene la competencia para gobernar un país de casi 350 mdh y tampoco para superar las grandes políticas de uno de los tres grandes del mundo.

En una palabra, EE.UU. pierde con un posible presidente así y México y sus mexicanos son el hazmerreír de los norteamericanos como un gigantesco atentado para las corrientes geopolíticas del mundo contemporáneo y sus formales relaciones comerciales que se presumen desde 1992. Donald Trump es inmoral, es la antítesis del republicanismo americano, es un opuesto del American Dream que hoy se sigue alardeando en ese país. Su fortuna no le da derecho a ser “político” de ese gran país.

 

1 COMENTARIO

  1. La inmoralidad del precandidato republicano de la que se habla ,tendrá necesariamente dos vertientes: La primera, si ésta es compartida por un partido republicano que pareciera gozar del “tache” hacia los mexicanos de los que se han servido y la otra, la baso en una pregunta: ¿Habrá inmoralidad temporal? Si eso es hacer política, prefiero seguir siendo un simple ciudadano con ideales políticos y no seguidor de ese tipo de politólogos. Como siempre Doctor, muy atinados comentarios. Lastimosamente el Neoliberalismo sigue precarizando laboral, ideológicamente y políticamente a los millones de humanos…y esa actitud “trumpista” si me vale la barrabasada, es creo, una consecuencia de un pensamiento radical racial, homofóbico y no sólo inmoral, si no amoral. Es verdad que México perderia mucho con un Presidente de EE.UU como Trump, pero también pienso que los Estadounidenses “trumpistas”tendrían el escarnio de un buen número de sus cohabitantes que no merecen a ese candidato republicano, que espero sean los más. Saludos

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