La red contraataca

Una de las principales redes virtuales del mundo, Facebook, acaba de anunciar la apertura en México de un centro para la prevención del bullying, un término acuñado en habla hispana para referirse casi de forma específica al acoso en el entorno escolar, entre alumnos, compañeros de clase o seudo amigos de salón, pero cuya aplicación en realidad se ha extendido a otros ámbitos de la vida cotidiana.

Las redes sociales, entre dichos ámbitos.

Facebook es para muchos el ejemplo del acoso virtual. Hay quienes francamente desacreditan y repelen a esta red de dimensiones descomunales por la cantidad (millones) de personas que pueden estar conectadas, “interactuando” a través de ella.

El acercamiento es figurado, puede distanciar a quienes están a un café de distancia o acercar a quienes están separados por un océano (o dos).

Pero entre esos vericuetos de la definición de una red como Facebook y lo que puede significar en la vida actual, en las dinámicas sociales (o en la falta de éstas, según el cristal con que se mire), aparece un ingrato aspecto, una sociopatía que contamina el recurso tecnológico y que la perversión de la mente humana convierte en maldad: el uso de las redes sociales para delinquir, para atentar contra la vida, la integridad, la sexualidad, o simplemente, el aspecto de otro o de otros.

Desde un lado de la pantalla, hay quiénes se exhiben y quiénes son exhibidos; quiénes se ridiculizan y quiénes son sobajados públicamente (porque se renuncia a la privacidad aunque se crea que no), pero también hay quienes recurren a la información del otro, a toda la que puedan obtener, para llevar el recurso a lo extralegal: trata de personas, secuestro…acoso, bullying.

Quizás en aras de detener un poco de la avalancha sin control que la descomunal dimensión de la red y sus entresijos han generado en términos de estadística delictiva o de insana “convivencia virtual”, Facebook abrió el martes 19 este primer centro contra el bullying, el primero en América Latina, y lo hizo en México, con el apoyo del Centro de inteligencia emocional de la Universidad de Yale y la Red por los Derechos de la infancia en México (Redim).

La plataforma, dicen las notas periodísticas que dan cuenta de la apertura de este centro, tiene información y recursos para resolver conflictos a causa del acoso, así como sugerencias sobre cómo manejar situaciones de este tipo; una sección dedicada especialmente a los adolescentes –a quienes son víctimas y a quienes infligen el abuso- y para padres de familia, para que éstos puedan detectar síntomas, señales de advertencia, indicios y sepan cómo proceder.

Otra sección de la plataforma contra el bullying está dirigida, por supuesto, a profesores y mentores, a los docentes que desde las aulas son muchas veces los primeros en advertir fenómenos de acoso –porque se focalizan en gran medida en estos espacios alejados de la autoridad o de la vigilancia o de la mirada paterna y materna- o en los límites, atravesando las puertas de las instituciones educativas.

En la presentación de este centro, el director de Facebook en México, Jorge Ruiz, dijo que son 59 millones los mexicanos que utilizamos la red.

El número por sí mismo fue pretexto suficiente para abrir un centro de servicios que combata la problemática, cotidiana y advertida en los espacios físicos y también en los virtuales o digitales. Mucho más tendría qué hacer Facebook, por ejemplo, en la detección de delincuentes pedófilos o tratantes de personas a través de la red; del ingreso de menores y la circulación de pornografía infantil o juvenil; del acoso entre adultos y otros tantos aspectos que cruzan la línea del libre albedrío y la libre expresión para abonarle, fatalmente, a la delincuencia nacional e internacional.

Por algo se empieza.

Verónica Espinosa

Periodista desde hace más de dos décadas en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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