Las precalenturas del PRI… y el estigma Solís

 

***DESPRESTIGIO.– Desde septiembre de 2014, el PRI mantiene una imagen negativa entre la población silaoense, generada por esa impresión de intolerancia, censura e impudicia que derivó de la agresión fraguada desde el interior del gobierno comandado por Enrique Solís. Esa impresión, vale decirlo, no provino de un gobierno deficiente, sino de un acto represivo que —dicen los entendidos— se pudo prevenir. Sea cual fuere la razón o la causa del grave error que mantuvo a Solís en prisión, el hecho es que su conducta lo condenó al ostracismo y el partido tricolor quedó reducido a segunda fuerza política en Silao, cuando apenas se formaba la imagen de partido que estaba cambiando. El gobierno, en sí, no se consideraba malo ni deficiente, pero el ataque contra la libertad de expresión —algo muy grave para la endeble y cuestionada democracia— permitió el regreso del PAN a la Alcaldía de Silao desde mucho antes del proceso comicial, y no precisamente por los aciertos del blanquiazul antes del seísmo político de 2015.

***DECISIONES.– Al interior del PRI, no predomina una idea sobre quién podría ser el candidato a Gobernador del Estado (hay más leyendas y golpes bajos que certezas y golpes de autoridad sobre la mesa). Tampoco existe una idea dominante sobre quiénes tomarán la decisión definitiva para seleccionar al candidato del PRI a la Presidencia Municipal de Silao. Ya casi nadie coincide con la intervención del dirigente estatal Santiago García, quien subastó la candidatura pasada. Algunos comentan en cerradas tertulias que el senador Gerardo Sánchez lo escogerá bajo su propio criterio y otros que tal vez serán los “sabios” o los “influyentes” del partido quienes voten en convención. Muy pocos son los que piensan en una elección abierta que contemple e incluya la voz y el voto de militantes priístas. A la luz de este contexto poco claro, se percibe un PRI descompuesto que aún no atina a implementar una estrategia contra la huella de violencia que dejó Solís. Seguramente, el PRI no será imparcial en su proceso interno de selección, sino que buscará favorecer a un precandidato según sea el grupo preponderante en la lucha por la gubernatura en el 2018 (¿Gerardo Sánchez, Miguel Ángel Chico o Francisco Arroyo?).

***PRECALENTAMIENTO.– Aunque todavía no se tiene idea de quién puede enarbolar un proyecto político de valía, dignidad y aprecio, ya se nombran algunos personajes que bien podrían contender en su calidad de precandidatos. Por el bando de Solís (causa del decaimiento tricolor), aparece el joven Álvaro Caballero. Por parte de quienes presumen el padrinazgo de Gerardo Sánchez, el productor agrícola Javier Barba, el ex candidato agrario Leonel Mata y un externo: el ex panista Rogelio Santoyo. Por el flanco que abandera el ex alcalde y ex legislador Severiano Pérez, su hijo Marco Antonio Pérez y el notario Francisco Velázquez. También se menciona en la baraja al actual consejero del SAPAS y hermano del diputado federal Ricardo Ramírez: Víctor Hugo Ramírez. Y por igual a otros de menor tamaño en proyección a corto plazo por sus actuales ocupaciones, sin embargo, ya son cuestiones más del fogón que de un plano real de ideas y debate. Según los estatutos del PRI, cualquier ciudadano puede ser abanderado, siempre y cuando su prestigio ponga al partido en condición competitiva para ganar. Con candados o sin ellos, el comité priísta carece de criterios confiables e información fresca para definir quiénes pueden ser elegibles en estos momentos o quiénes son aptos y éticamente aceptables para representar al otrora partido hegemónico en la contienda de 2018, donde el PAN aparece otra vez a la cabeza en muchos estudios demoscópicos, es decir, la investigación científica a base de encuestas. Cualquiera que sea elegido deberá comprometerse con la Declaración de Principios y el Programa de Acción como un requisito indispensable para poder pensar en ser gobierno (allí está de nuevo el caso de Solís: siempre solía presentarse como presidente emanado directamente de la ciudadanía y eso le costó haber sido abandonado a su suerte). El mayor riesgo para el PRI en estos momentos es que algunos de sus miembros ya busquen tejer alguna complicidad electoral con el PAN o los criterios internos se ciñan a enviar un candidato débil para garantizar la estadía del albiazul otros tres años. Luego entonces, ¿el PRI apostará por el reciclaje, los productos de segunda mano, una fórmula nueva, un candidato ciudadano o un aspirante cuyo discurso no cuaje y sea más bien un simulador? La definición está en el aire y el comité más dormido que despierto.

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