Lo torcido no se puede enderezar.

1.- Una estrategia equivocada

Los gobiernos  han buscado la estrategia conveniente para incrementar los recursos a favor de la seguridad. En Guanajuato se ha presentado una iniciativa dirigida, con el objetivo de conformar un fondo que pueda fortalecer las corporaciones.

Ellos quieren pagar bien a los policías, hacerles llegar un mejor equipo, léase armamento, además de desarrollar nuevas tecnologías para la prevención y reacción inmediata en los casos especiales y urgentes.

También pretenden fortalecer el 911, equipar con mejores vehículos a cada dirección de seguridad pública municipal, pero sobre todo, capacitar a los elementos policiacos que actualmente trabajan, así como a los nuevos agentes preventivos.

Se trata de lo mismo de cada tres años.

Hace seis años, en lugar de mejorar el ingreso de los policías o equipar las corporaciones, el ex gobernador Miguel Márquez, decidió inyectar miles de millones de pesos a una empresa que vendió una infraestructura de vanguardia que no sirvió de mucho.

Fue el cuento chino del proyecto Escudo.

Los miles de millones de pesos para la comprar de arcos en las carreteras, los botones de pánico y las demás cosas, no sirvieron de nada para combatir la delincuencia y disminuir los primeros lugares nacionales en casos de homicidio.

Ahora, el gobierno pretende incrementar los recursos pero a nivel local, es decir, con las corporaciones de los municipios. Pretenden equipar muy bien a cada policía con el objetivo de enfrentar el crimen con más seriedad y valentía.

Pero, si en verdad se quiere ver resultados, el gobierno tendrá que matizar la estrategia.

2.- El fondo es la raíz.

No sólo se trata de dinero. Se trata también de hacer una limpia efectiva en las corporaciones.

Una encuesta de Nuevo Enfoque, despacho que encabezo, revela que actualmente la gente de Silao no confía en los policías. No confía ni en los estatales, ni en los municipales. Es porcentaje es mucho menor en Guanajuato, capital.

Para algunos ciudadanos, la policía representa la imagen de corrupción y de traición, debido a que varios agentes están involucrados en las bandas criminales de manera discreta o simulada.

En otras palabras, la gente no confía en su policía.

Los famosos exámenes de control y confianza, son otra broma de mal gusto. No hay garantía de que los agentes certificados, efectivamente, sean tan honestos como lo avala el sistema.

Es por eso que no bastan los recursos económicos para las corporaciones. Se requiere hacer una limpieza en cada corporación; desde el secretario de seguridad, hasta todos y cada uno de los mandos de las fuerzas y la policías municipales.

Por supuesto que se necesita apoyar a sus familias, mejorar sus salarios y equiparlos muy bien, pero sobre todo, se requiere un esquema de disciplina y castigo a la corrupción. Basta de tanta impunidad y complicidad.

Justo ahí está la raíz de este árbol malo que nunca dará fruto bueno.

Lo torcido no se puede enderezar.

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Periodista con más de 19 años de experiencia. Académico en varias Universidades de Guanajuato. Conferencista, colaborador y Columnista.

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