Medicinas: se le cae a Diego negocio de Márquez

La prisa por contratar tres años por adelantado el servicio de suministro de medicamentos para el Seguro Popular era particularmente sospechosa; la cancelación de la licitación lo es doblemente.

El tema de fondo es la gran pregunta: ¿cómo y quién está decidiendo los grandes temas de gobierno en el sexenio que acaba de comenzar?

Una licitación anticipada para el seguro popular, donde es innegable la influencia del ex gobernador Miguel Márquez Márquez -a través del secretario Daniel Díaz Martínez y el subsecretario de administración Fernando Reynoso Márquez-, solo podía obedecer a un compromiso de Diego Sinhue Rodríguez con su gran elector.

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El primo y el amigo. Márquez manda en la Secretaría de Salud de Diego Sinhue. Foto: tomada de ZonaFranca.MX

Cualquier otro mandatario sin una subordinación explícita o la necesidad de pagar compromisos, hubiera ordenado detener cualquier proceso en marcha en un área del gobierno donde no solo se aplican recursos de enorme cuantía, sino que además el mayor porcentaje de ese dinero proviene del gobierno federal, donde también habrá cambio de mandos y de reglas.

Lejos de eso, en un primer momento, el gobernador dio luz verde para que otro funcionario heredado, el secretario de Finanzas Héctor Salgado Banda procediera a iniciar el proceso de licitación trianual por un costo que rondaría los seis mil millones de pesos. Y todo ello sin explicación, razonamiento o justificación alguna.

Sin embargo, el proceso se detuvo abruptamente al tenor de dos hechos ocurridos a nivel nacional: uno de ellos fue la declaración de Andrés Manuel López Obrador del pasado primero de noviembre, sobre la formulación de su presupuesto, donde subrayó la necesidad de una política de centralización de las compras de medicamentos como parte de su embate directo contra las prácticas corruptas; el otro, ocurrido un día antes, fue la denuncia penal de las OSC Impunidad Cero y Justicia Justa contra funcionarios y exfuncionarios del Seguro Popular en 11 entidades del país, incluyendo Guanajuato, por presuntos actos de corrupción.

La sensatez apareció en el círculo cero de Diego Rodríguez Vallejo. Hubiera sido un acto de verdadera temeridad política lanzar su megalicitación a contrapelo de la nueva política federal. De haberlo hecho, Guanajuato se hubiera convertido en un foco rojo, máxime por las denuncias de organizaciones a las que nadie en su sano juicio podría vincular con el próximo gobierno.

Sin embargo, de parte del nuevo gobernador de Guanajuato no se aprecia una determinación para romper el cordón umbilical con el exgobernador, un pecado de lesa democracia que terminará por resultar afrentoso para un electorado que, más allá de su lealtad al PAN, votó por un nuevo gobernador, no por la continuidad del anterior.

Esta vez, con los contratos de medicamentos, se truncó la posibilidad de que Miguel Márquez continuara influyendo en decisiones después de que su mandato concluyera, pretendiendo decidir el manejo presupuestal ¡de los próximos tres años! Empero, eso ocurrió por la descolocación que propició el escenario federal, no por una decisión de política local.

Allí está, por ejemplo, la decisión para mantener en su cargo a los responsables de la seguridad en Guanajuato, quizá la política más fallida del anterior sexenio, la cual vino a ser avalada por el candidato oficialista a la dirigencia nacional del PAN, Marko Cortés, en congruencia con los pactos realizados por su impulsor, Ricardo Anaya, con Miguel Márquez, para repartirse ámbitos de influencia.

El asunto de los medicamentos para el Seguro Popular nos ofrece un buen síntoma de lo que puede ocurrir en el futuro. ¿Hasta dónde chocarán los designios que Márquez le dejó escritos a Diego Sinhue con la nueva circunstancia federal y hasta dónde aguantará Sinhue seguir apareciendo como el encubridor de un gobernador que solo gozó de buena prensa mientras la pagó?

Porque lo cierto es que, de Miguel Márquez, su parentela y sus compadres, siguen y seguirán apareciendo en hechos que prueban desfalcos y sinvergüenzadas, como recientemente documentó el diario AM en el caso de ese monumento al desperdicio que es el parque dizque agrotecnológico de Villagrán, ubicado en los terrenos comprados para una fallida refinería.

La gran pregunta tiene otra vertiente: ¿cómo quiere verse Sinhue en la historia futura de Guanajuato, como gobernador o como comparsa?

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