¿Hacer o no hacer?: Es la duda

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Me parece que la duda más grande que podemos tener es: sí hacemos o no hacemos, sí actuamos o no y, en qué sentido debemos hacerlo, quiénes son los que deben actuar y qué decisiones debemos tomar y quiénes son los más afectados o los menos, en uno o en otro sentido; ambos requieren de análisis. Lo cierto es que más de uno no será beneficiado con la mejor decisión, lo peor que podrá pasar es que la decisión que se tome será mejor que ninguna. A esto se conoce como la “paradoja de Arrow” dentro de las teorías de la Elección Racional y tiene aplicaciones iniciales en los procesos de votación para una democracia o en decisiones económicas. En política pública y social es el dilema permanente y constante. Los gobiernos sufren de qué decisiones deben tomar, de saber que deben tomar y deben actuar y, también saben que el no tomar decisiones es ya una decisión en sí misma, empero a la ignorancia supina. El reto es acortar la distancia que hay entre el saber e ignorar las consecuencias de las decisiones y sus actuaciones. Por supuesto que se trata de un modelo aristotélico en el sentido semántico de la política y los anglosajones tienen mucha mayor claridad de ésto que los latinos y, ni mencionar a los germanos que son decididamente muy efectivos en estas prácticas; Max Weber no podría haber sido otra cosa.

La “política pública”, en su versión más limitada está racionalizada, a los proyectos y a las actividades del Estado,que se diseña y se gestiona a través de un gobierno y,a su administracióncon otros actores del Estado, para satisfacer las necesidades de la sociedad; también son aquellas acciones que el gobierno decide hacer o no, (Dye, 2008). Este intento de describir lo que en México ha sido un tema de desarrollo intelectual, de visión social y de construcción de gobierno, ha reportado importantes descalabros. Por otro lado la política social, como se ha entendido en los gobiernos estáticos, se han enclavado en los programas sociales y en general en los programas gubernamentales como emblema de política pública. Lo cierto es que los programas gubernamentales en México se han disociado con las políticas públicas: cualquier acción gubernamental que intente resolver o que solucione un problema social entonces política pública. El problema de la política pública son los problemas públicos y nos parece, que no todos los problemas públicos podrán ser tamizados por la política pública y menos social. El ejemplo más sorprendente es el programa federal de “prospera”, antes “oportunidades” y otrora “progresa”: por sus aplicaciones sociales y de administración de la marginación, podría caer en el terreno de la política social.

México se destaca por una república concebida en tres ámbitos y órdenes de gobierno lo que no aplica necesariamente a otros estados; mientras en México se tiene un gobierno muy local, cercano al problema social, enclenque, próximo a los habitantes, humano: municipal; al mismo tiempo se tiene un gobierno distante, insensible y robusto; bien armado, muy estatista, jerarquista: federal y; en entre ambos, un gobierno mediador, burócrata, administrador, legalista, profesionalizante, raquítico en algunos momentos, simpatizante de corrientes sin vanguardismo e innovación, ejecutor de acciones federalistas y muy poco interesado en los dos primeros: estatal. Los ámbitos gubernamentales en México y la disonancia política de sus órdenes generan fracturas entre partes y decisión. Lo que es lo mismo, mientras se tiene un poder ejecutivo, actuante de decisiones legislativas; hace que los unos y los otros parecen hablar de cosas diferentes y hacen países diversos, probablemente es parte de la riqueza política y social.

Un vistazo: La republicanización en México, desde 1824, ha costado estragos constructales, ya desde Guadalupe Victoriatenía el encargo de resolver los problemas fundamentales de la “federalización representativa”, lo que en 1835 se disolvería para contundentemente oponerse al “federalismo” con la pujanza de Miguel Barragán al frente de la República Mexicana y retornar al “centralismo”; el siguiente intento es en 1846, con la segunda república federal de José Mariano Salas como presidente interino. Este jugueteo entre federalismo y centralismo desestabilizó a México y la republicanización pareció robustecerse, no así la política pública y menos la social. Hoy a casi dos siglos de comportamiento republicano, México ha tenido que aprender a posicionarse en vertientes que oscilan entre el federalismo y el centralismo, empero a las grandes tendencias centralistas de la política fiscal mexicana, como se describe en las participaciones y aportaciones o ramos o fondos fiscales que se destinan a los gobiernos localescomo lo plantea Victoria Rodríguez en la Universidad de Texas (1997); por supuesto que las normas de coordinación y de adhesión fiscal con las entidades federativas se ajustan a los equívocos de la política fiscal a la mexicana en los procesos de federalización.

La primera vez que se habló en América de Política Pública, fue en 1951 (Chicago University); no obstante a los intentos de mediados de los treinta (1936) debido a un libro que publicara el comunicólogo y politólogo Harold D. Lasswell acerca de política: ¿Quién obtiene qué, cuándo, cómo?; luego otro libro daría curso a la visión política de los EE.UU.: Power and Personality (1948), pero el documento que se publicaría en 1951 en efecto reforzaría la fórmula que tres años antes había impactado: con el “paradigma de Lasswell”:La Orientación hacia las Políticas; y, de todo esto: ¿cuál es la fórmula de Lasswell? ¿Qué hay que romper como paradigma? ¿Cuál es el modelo de comunicación en la propaganda política? Para Lasswell, el proceso de la comunicación en la sociedad realiza cuatro funciones: a) vigilancia del entorno, revelando amenazas y oportunidades que afecten a la posición de valor de la comunidad y de las partes que la componen; b) correlación de los componentes de la sociedad en cuanto a dar una respuesta al entorno; c) transmisión del legado social; d) entretenimiento. Si Lasswell tiene razón con su fórmula, el éxito de la comunicación efectiva y de la política y de los gobiernos y de sus gobernantes es: la decisión. Un estado que se basa en decisiones de hacer o no, es un tema de política pública, ya que ambos requieren de inteligencia social y capital humano.

Seguramente, la propuesta de Lasswell y su importancia es cómo resolver los problemas del fracaso político de frente a la idea de mejorar las decisiones gubernamentales. En suma podemos decir que la política pública y social tiene en el caso mexicano una tendencia al alza no obstante a un permanente decrecimiento decisor dentro deldiseñodel estado.

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