Nos falta Rubén

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            Conocí al fotógrafo Rubén Espinosa en unas cuantas horas. Lo que se alcanza a conocer a una persona con la que se comparte, como es el caso del reportero y el fotógrafo en jornada de trabajo, prácticamente todo lo que se puede compartir: a través de la vivencia del otro, de hurgar en la tierra, en el interior de las casas, en los cerros, en las oficinas públicas, en la conversación en una mesa ante unas cervezas, en una fonda de rancho donde se comparten las gorditas y las quesadillas, en la forma en que nos toca atestiguar y contar las historias, él con su lente y yo con las palabras escritas, de la pobreza, de la corrupción.

De los periodistas asesinados en Veracruz.

Fui a Veracruz al homenaje que sociedad civil y periodistas le ofrecieron a Regina Martínez, compañera corresponsal de Proceso que nos hace falta desde hace más de 3 años, porque la asesinaron en su casa y por su letra claridosa y porque no hay justicia por su muerte.

Los colegas en Xalapa me recibieron y nos fuimos al panteón. Ante la tumba de Regina no puede una estar así, como si nada. Tenía muchas flores, le dejamos las nuestras, nuestras lágrimas también.

Rubén tomó las fotos de esos momentos.

Nos fuimos a la plaza (antes Lerdo) que ahora llaman Plaza Regina Martínez, frente al Palacio de Gobierno. Rubén recogió la placa, sencilla, con el nombre de la reportera y nos concentramos en la plaza, frente a los balcones cerrados del Palacio, frente a los numerosos “orejas” y guardias mal vestidos de civiles –muchos de ellos evidentemente armados- que tan bien conocen ya los reporteros.

Que tan bien conocen a los reporteros, porque los han vigilado, desafiado, fichado. Amenazado.

Tanto se ha escrito y se ha dicho sobre esa atmósfera irrespirable en Veracruz para el oficio. Se entiende en cuanto se está en esa plaza, frente al Palacio de Gobierno. Se sienten las miradas, se siente el desafío, la tensión.

Se siente el miedo.

Aun así cafeticultores, bordadoras por la paz, campesinos, defensoras de las mujeres, estudiantes, maestros, periodistas, hablaron sobre Regina y su trabajo, sobre Regina junto a las causas, dando fe, haciendo lo que nos toca hacer: apostarle a la memoria desde la calle, desde todas las miradas.

Escribanos del día olvidado al día siguiente.

Es la manera en la que todos queremos ser recordados.

Pero no es la manera en que queremos morir.

Es cierto. No es un riesgo generalizado. O no lo era o no lo parecía hasta que, como lo registramos en nuestra jornada diaria, nos percatamos de que un joven conocido desaparece, el hijo de un profesor de la escuela donde estudiamos desaparece. Navajean las llantas de tu auto. Te roban el celular en la calle.

O cuando a una reportera novel de una pequeña oficina de un periódico regional en un municipio considerado de mediana importancia, la mandan golpear.

Al final de ese memorial, Rubén pegó la placa con el nombre de Regina en un escalón de la plaza.

Y tomó sus fotografías.

En las horas siguientes, con Rubén y con Noé Zavaleta (corresponsal veracruzano) recorrí algunos municipios de la sierra veracruzana (una de las sierras). Municipios pobres, donde los programas para combatir la pobreza de Sedesol se burlan de la necesidad: los funcionarios abren las oficinas en sus casas, registran a los solicitantes a cambio de “echarle la mano al candidato”; reportan viviendas entregadas que son viviendas inexistentes o personas que nunca las habitaron, inflan las cuentas de los apoyos entregados.

En esas horas de serranía, llovizna, camino, café y cervezas, nace la camaradería, la cuatitud, el entendimiento. O no.

Fueron tan pocas horas para marchar juntos, para acompañarnos en el oficio, pero suficientes para cultivar el germen de la desolación que hoy inunda por el asesinato de Rubén.

No necesita que se le inventen actos heroicos; no fue más ni es menos. Tampoco era necesario que lo conociera para escribir sobre Rubén y dolerme de su asesinato: Es el periodista número 14 asesinado sólo en Veracruz y sólo en lo que va del sexenio del gobernador priista Javier Duarte de Ochoa.

Pero lo conocí. Y por eso escribo desde la plena certeza de que Rubén fue un fotógrafo que hizo periodismo crítico y comprometido; un activista que protestó por los asesinatos de otros periodistas y denunció por todas las vías que pudo; un colega solidario que quiso ayudar a otros colegas a cuidarse de los riesgos en ese Veracruz inhóspito.

Un cuate.

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Periodista desde hace más de dos décadas en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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