País en fuga

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Él se fuga.

Todos nos fugamos.

La evasión es otro de los deportes nacionales, uno de ésos que con frecuencia alcanza el nivel de tragicomedia.

La fuga del capo de capos del narcotráfico –de acuerdo con las versiones oficiales y extraoficiales que circulan en el territorio nacional y se intercambian con el vecino del norte- Joaquín El Chapo Guzmán Loera, presuntamente consumada el sábado por la noche desde el centro penitenciario de máxima seguridad del Altiplano, en el Estado de México, nos ha dado otra pauta, una más, para fugarnos de la triste realidad.

Nos hundimos en la triste realidad de saber que, claro está, por supuesto, el penal del Altiplano no era en realidad ese modelo de súper centro carcelario impenetrable e infalible que todavía el lunes por la noche nos presumió el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

La triste realidad de comprobar que la corrupción no sólo representa un altísimo porcentaje del Producto Interno Bruto nacional, nos corroe las entrañas de país y nos cuesta como 30 centavos de cada peso que ganamos y gastamos: la corrupción roba planos de penales, construye túneles, simula una vigilancia extremadamente rigurosa sobre personajes con todas las posibilidades de fugarse, deja pasar el tiempo en la omisión y luego, esa misma corrupción viaja a Francia y al mismo tiempo, reporta en México que ya pasó lo que pasó y que ahora hay qué disponer de otros cientos de miles de pesos en buscar al capo y otros 60 millones de pesos como oneroso anzuelo para “motivar” la denuncia ciudadana.

La fuga de la credibilidad en las instituciones y en los hombres que las representan es una larga historia, pero a lo largo de la marca de los sexenios ha construido túneles de distintos tamaños, ha utilizado el carro de la lavandería, el disfraz de custodio o juez, una despensa a cambio de votos, un padrón electoral, un pacto por México, un arma larga o un comando con muchas armas largas; es decir, se ha servido lo mismo de los ingenieros de la corrupción que de los abogados de la violencia.

Nos fugamos de la fuga inventando chistes, creando memes que se fugan también por las redes sociales; la autocompasión encuentra su lugar en la impotencia de generaciones de personas que quieren aportarle a construir ciudadanía, fortalezas, nuevas instituciones (o mejores) y sacar al mal de la corrupción por otro túnel sin retorno.

Muchos se dan por vencidos y se fugan del dolor, de la economía en crisis, del descrédito del voto o de refugiarse en el voto como si fuera la panacea o la única forma de ser persona en esta sociedad.

El hombre que formal y constitucionalmente gobierna este país se fuga a Francia para que no lo alcancen los túneles que conducen al ridículo, el descrédito, la incompetencia, la corrupción dentro del gobierno, la farsa electoral, los reclamos igualmente ridículos del PAN que pide las cabezas que no pudo cortar en sus sexenios.

Como si sirviera de algo su fuga. Acá lo esperamos, muchos indignados, otros tantos cansados de indignarse y algunos más, dedicados a la evasión social, a fingir que gobiernan, a legislar para un país irreal, a hacer memes de sí mismos desde una curul, una secretaría, un juzgado, un sindicato.

O desde un penal de máxima seguridad.

 

Periodista desde hace más de dos décadas en Guanajuato y la región del Bajío. Corresponsal del semanario Proceso. Integrante de la Red Nacional de Periodistas.

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