Respetemos el sentido de las palabras, presidente

Parece que López Obrador no entiende es ya presidente electo, que la campaña electoral quedó atrás, que lo que diga o haga traerá consecuencias para todos, que de ello es responsable (y de lo que nosotros permitamos también).

Tampoco entiende que no es dueño del sentido de las palabras: nos dice que amnistía no es olvido, que chivo expiatorio no es inocente, que bancarrota no es incapacidad de pago, que todo servidor público y su familia deberá acudir a centros de salud públicos; la última: que tráileres con cadáveres del forense jalisciense son consecuencia del fraude del 2006 . Vamos por partes. A todos nos conviene le vaya bien; para eso necesita contrapesos, que lamentablemente no vendrán del Legislativo, sino de ciudadanos que con buena voluntad acoten excesos. Empecemos por el lenguaje. A nivel de sistema de sonidos con significado, encontramos en el lenguaje con que nos comunicamos elementos griegos, romanos, fenicios, árabes, castellanos, ingleses y, milenios acumulados.

Aprendemos un idioma al nacer y con él nos expresamos. Podemos aprender nuestra tradición, la de cada quien, porque contamos con eso que no tiene ningún otro animal: un lenguaje muy complicado, y que nos permite ser progresivos. ¿Qué sería de nosotros si al nacer cada uno tuviera que comenzar a balbucear como el hombre primitivo? Nunca avanzaríamos.

Somos un animal de especie única: no obstante mal dotado de aptitudes que mejor tienen otros animales (vista débil, apenas olfato, oído inferior, uñas débiles, fuerza insignificante, nacido desnudo). Por la razón el hombre domina la naturaleza. Con toda nuestra debilidad tenemos la facultad del alma llamada inteligencia. Y actos de la inteligencia humana son tres: idea o simple aprehensión, juicio y raciocinio. La idea, primera operación, es acto de comprender algo, sin afirmar ni negar nada de ello. Así decimos: “escuela”, “maestro”, “número”, “chivo”, “perdón”, “amnistía”, “cadáver”, “fraude”. Esa idea o concepto es diferente a la imagen con la que la asociamos y que es necesaria al pensamiento. La imagen puede ser un signo (#@) o una palabra. Palabra es una imagen verbal (oral o escrita) que sirve para fijar el pensamiento, determinarlo y hacerlo comunicable.

La idea o concepto no aparece hasta el momento en que se comprende su sentido y, por consecuencia: se abstrae de la imagen verbal su valor universal (chivo, escuela, maestro, número, fraude). Hay palabras sin ideas (en el perico o el demagogo) e ideas sin palabras (¿”cómo se dice”?)

Así se permite o facilita la comunicación. La idea se abstrae de la experiencia sensible (chivo, escuela, maestro, , multiplicación, olvido), porque el objeto de la inteligencia esta sacado de lo sensible. Amnistía –amnesia- es olvido. Indulto es perdón. Chivo sacrificado para expiar pecados es religión. Inocencia es presunción rebatible con certezas. Bancarrota es insolvencia: no poder pagar deudas. Fraude es engaño para sumergir en error a otro o mantenerlo. Nadie ha demostrado fraude en elección del 2006 y menos relación causal con camiones de cadáveres.

Respetemos la inteligencia del pueblo. Con humildad reconozcamos que no somos dueños del significado de las palabras – semántica-. Llamemos a las cosas por su nombre. Empecemos pues por respetar significado de las palabras para luego hacer política que permita resolver desacuerdos o diferencias, buscando decisiones vinculantes para todos, lo cual requiere pautas de comportamiento o reglas preservadoras de cohesión social. Así la política será opción constructora.

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