De sismos y fallas estructurales en México y Guanajuato

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Por José Manuel Ramos Robles

Consultor Internacional Experto en Derechos Humanos

 

Es admirable el despertar ciudadano que se ha manifestado después de la tragedia ocasionada por el terremoto del 19 de septiembre pasado. A toda la ciudadanía nos ha contagiado la ola de solidaridad y empatía con nuestros hermanos y hermanas víctimas y familiares. La participación activa de la ciudadanía ha sido la diferencia que incluso, ha hecho ver chiquita, insuficiente y aletargada la respuesta gubernamental. Esta fuerza ciudadana se ha transformado, sin duda, en acciones y mensajes concretos que trascienden la emergencia y que son algo más que coyunturales.

Además de los edificios y casas caídas y dañadas por deficiencias estructurales, nuestro país se está dando cuenta de la gravedad de otra falla estructural de enormes dimensiones, -la corrupción-. Seguramente no es la primera vez que pasa, pero si una que no deja mucho espacio a refutaciones sobre la evidencia de que la corrupción en México es tan grave como asesina. Ha cobrado víctimas mortales con nombres y apellidos. Niñas, niños, padres y madres que han visto interrumpida su vida misma, sus proyectos y su propia convivencia porque algún político corrupto lo permitió, por un burócrata que se hizo de la vista gorda; por un abogado que coyoteó un permiso de construcción y por constructores que, como todos los anteriores, prefirieron el lucro inmediato a preservar la vida de gente inocente. Y qué decir de aquellos que simplemente murieron por ser los olvidados de entre los olvidados en Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas, aquellos que fueron condenados a muerte antes de su propia muerte, por la ausencia total del Estado en sus territorios.

Lo anterior no es casual pues por muchos, muchos años, hemos convivido con esa corrupción enquistada en la vida de nuestro país; permitida y multiplicada por una moral doble, así como tolerada y muchas veces fomentada por líderes, tanto políticos como religiosos, así como ejercida en rituales diarios por buena parte de la ciudadanía. Sobre esta falla estructural, hoy tan evidente, se ha ido forjando nuestra cotidianidad; incluso nuestra democracia, nuestras instituciones y nuestro modelo actual de Estado de Derecho.

En los pocos días que han pasado después de la tragedia, la ciudadanía ha reconocido este lastre y se ha pronunciado con una condena tajante, misma que los ha llevado a organizarse para no permitir que los gobiernos estatales o locales acopien y distribuyan a discreción la ayuda que reciben de la misma sociedad mexicana. Es un mensaje claro y contundente de la enorme desconfianza en la probidad, transparencia y calidad moral de que gozan nuestros gobernantes y nuestra clase política en general. Es un mensaje fehaciente de los y las mexicanas que han probado que pueden organizarse y que, si sus políticos no están a la altura requerida, pueden incluso prescindir de ellos en los hechos, tomando ellos mismos el control. Sin duda un mensaje que debe poner a temblar a muchos.

En Guanajuato, aunque con bastante menos severidad, vivimos los mismos y otros cataclismos propios. La ola de violencia e inseguridad en el Estado es, hoy por hoy, el tema de mayor preocupación como lo avalan los datos estadísticos y los diferentes sondeos de opinión ciudadana a los que tenemos acceso. Debemos analizar entonces cuáles son las fallas estructurales y qué las provocan.

Quizá la ecuación no sea tan compleja si partimos de la misma premisa de la corrupción como una gran falla estructural. Al tolerarse y no castigarse genera alta impunidad como la que tenemos en nuestro Estado. Un Estado que tolera la corrupción y que poco hace para combatir la impunidad, es caldo de cultivo para inseguridad y la violencia. Si a lo anterior le sumamos una respuesta estatal errática por no decir inexistente en materia de seguridad ciudadana, podemos entender el resultado en su justa dimensión.

Sin embargo, hay que reconocer que la ciudadanía guanajuatense ha sido tocada también por los acontecimientos recientes, y nos estamos moviendo en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas damnificados en otras partes del país. Estamos reencontrándonos con nuestra fuerza como ciudadanía y eso, sin duda, puede generar algo más que esperanza.

¿Será que algún diputado, diputada o servidor público de alto nivel, sea capaz de hacer la lectura correcta del contexto actual? Y si lo hace, ¿será que tenga la valentía de tomar como estandarte las demandas ciudadanas de austeridad en los presupuestos electorales y de impulsar el combate a la corrupción dando vida a una Fiscalía General y una Fiscalía Anticorrupción con las condiciones mínimas de independencia y autonomía para así fortalecer nuestro maltrecho sistema de pesos y contra pesos?

¿Será que el despertar ciudadano que vivimos en estos días después del sismo del 19 de septiembre pasado nos alcanzará en Guanajuato para levantar los escombros del sistema político local que lejos de ilusionar, deprime?

@jmramosrrobles

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