En tierra de ciegos, nadie quiere ver (Parte I)

En el orbe encontramos naciones adaptadas a los diferentes tipos de discapacidad, que sorprende y a la vez aparenta ser una característica de los llamados “países desarrollados”, cuando en el deber ser constituye un modo de pensar en la aplicación de las políticas públicas y en la mentalidad social libre de discriminación.

Con toda la fascinante historia de tradición e innovación, Japón es vanguardista en políticas preferenciales para este sector de la población.

En la mayoría de las ciudades del país nipón (como pasa también, por ejemplo, en varias calles estadounidenses, así como brasileñas, con ciertas deficiencias visibles en sus “guías rojas”), además de encontrarse el Sistema Braile en el Shampoo, barandales, cervezas, yenes, mapas, sanitarios, rutas de evacuación, y demás; todas las aceras, estaciones de metro, interiores de edificios públicos, parques, y otros espacios, cuentan con guías amarillas en el suelo, también llamadas huellas táctiles o Tactile Ground Surface Indicators (TGSI) para indicar el camino seguro a personas con discapacidad visual. Unas barras les indican “siga” y unas esferas les indican que hay que parar o que existe una intersección.

No sólo encontramos ayuda en el suelo. Los invidentes también tienen ayuda auditiva en los semáforos para indicar direcciones de norte a sur y de este a oeste;  dentro de los trenes hay grabaciones indicando el tipo de tren y la ruta, lo mismo pasa en algunas de las escaleras eléctricas de las estaciones de metro con indicadores auditivos de salida que te mencionan hacia qué calle dirigen esas escaleras.

En agosto de 2011 Japón reformó su Ley Básica de las Personas con Discapacidad, en donde dispone que debe hacerse todos los ajustes necesarios y razonables para la eliminación de las barreras sociales. En esa misma línea, en junio de 2013, el país del sol naciente estableció su nueva Ley de Promoción de la Eliminación de la Discriminación por Motivos de Discapacidad, que establece la obligación de la Administración Central del Estado, entes territoriales, e instituciones bajo su jurisdicción, de implementar estos ajustes razonables para la eliminación de las barreras sociales. En cuanto a las instituciones privadas, también deberán realizar dichos ajustes de cara a esta efectiva eliminación de discriminación. Estas disposiciones son aplicables también a los propietarios de las empresas, dirigiéndose, entre su normatividad aplicable, con base a la Ley de Promoción del Empleo de Personas con Discapacidad, a adaptar los lugares de trabajo, instalaciones o equipos necesarios para los discapacitados, asegurando un tratamiento igualitario para quienes padecen, y no, tales discapacidades.

En México, la discapacidad visual se atiende poco. Lo que hay que aceptar, es que las campañas sociales encaminadas al respeto de los derechos de las personas con discapacidad (ayudas a medias) han sido más efectivas que las acciones de políticas asistencialistas. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a nivel nacional, la segunda dificultad más frecuente entre la población con discapacidad es la relacionada con la limitaciones para ver con 27.2% de la población (esto es, 1 millón 292 mil 201 habitantes, de los cuales 176 mil 642 tienen de 0 a 24 años de edad)[1]. La primera es la movilidad con 58% de las personas con limitación para caminar o moverse; le siguen en tercer lugar las dificultades para escuchar (12.1%), mental (8.5%), hablar o comunicarse (8.3%), atender el cuidado personal (5.5%) y finalmente, para poner atención o aprender (4.4%).

Cifras de este mismo censo, señalan que en el estado de Guanajuato hay 81 mil 566 personas con este tipo de discapacidad (número que abona a las 231 mil personas con algún tipo de discapacidad, que constituyen el 5% de la población de la entidad, según el  gobernador, Miguel Márquez Márquez, al inaugurar el Centro Estatal para las Personas con Discapacidad), de los cuales actualmente sólo laboran 317.

Entre nuestras calles prevalece la indiferencia y falta de comprensión sobre su condición. Obstruimos su paso, no respetamos los lugares preferenciales, hay pocos semáforos auditivos para que se orienten, y, por si fuera poco, sufren de discriminación laboral, donde a pesar de estar en edad productiva, difícilmente cuentan con un ingreso estable, y recurren a autoemplearseelaborando y vendiendo algún tipo de producto, viviendo más de la caridad que del justo salario.

No sólo eso. El Derecho de toda persona a tener acceso a todos los servicios gubernamentales y no gubernamentales, son sólo letra muerta en nuestra legislación.

Aprenderse vueltas, topes, glorietas y hasta los baches, en algunas zonas, se han vuelto prácticamente su obligación. Hay que acondicionar las calles antes de regalar bastones para invidentes; vivir a obscuras, no es tan fácil.

Es necesario que nuestras autoridades hagan cumplir cabalmente las disposiciones internacionales, como la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, del que somos suscritos; federales, como la Ley General Para La Inclusión De Las Personas Con Discapacidad; y locales, como la Ley de Inclusión para las Personas con Discapacidad en el Estado de Guanajuato, pues debemos orientarnos hacia un camino de inclusión y de libre de discriminación por motivos de discapacidad para el libre desarrollo de estas personas.

Pero la accesibilidad y movilidad de las personas con alguna discapacidad no es sólo una cuestión gubernamental. Nada cambiará si seguimos rogando “nomás cinco minutitos” en lugares preferenciales, lugares que no nos tocan; o poniendo nuestros puestos de venta en las banquetas reduciendo, aún más, su movilidad.

Aún con todo lo anterior, las personas con discapacidad visual enfrentan una serie de barreras para acceder a la educación superior, que van desde las arquitectónicas hasta no tener la libertad de elegir una carrera profesional.  Pero esto, y todas sus implicaciones, es algo que todavía no explico…

Alejandro Domínguez 

@alexdom1

“Esta entrada se publicó en el portal Revolución 3.0”

[1] Censo de Población y Vivienda 2010. Cuestionario básico. INEGI. 2011. Disponible en:http://www3.inegi.org.mx/sistemas/tabuladosbasicos/default.aspx?c=27302&s=est

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