En tierra de ciegos, nadie quiere ver (Parte II)

Habiendo explicado la falta de visión en los servicios básicos para generar una ciudad más incluyente, nos encontramos con la asignatura pendiente también dentro de las  universidades e instituciones de educación.

En 2014, México suscribió el Tratado de Marrakech, que facilita a los invidentes y personas con discapacidad visual el acceso a obras publicadas.

Los firmantes del Tratado se comprometen a adoptar la legislación nacional para la reproducción y distribución de obras publicadas en formatos que les resulten accesibles.

Ratificar tratados internacionales de este tipo, se traduce en el deber de facilitar la traducción al lenguaje de señas o la conversión de los textos convencionales al sistema braille o a sistemas sonoros, e ir ofreciendo otros tipos de ajustes razonables en respuesta a cada necesidad concreta.

La Ley General de Educación, en su artículo 41, dispone desde 1993 la obligación de promover la integración de las personas con discapacidad en las aulas, de tal modo que satisfagan sus necesidades básicas de aprendizaje, como base para su integración social.

Si bien, en México las instancias de apoyo de la SEP y Secretarías de Educación locales para este tipo de educación, son las Unidades de Servicio de Apoyo a la Educación Regular (USAER), los Centros de Atención Múltiple (CAM) y las Unidades de Orientación al Público (UOP); pareciera que las instituciones de educación superior y universidades operan sin observar las anteriores disposiciones de inclusión.

Estas instituciones de educación superior tienen la responsabilidad social de facilitar la incorporación de estas minorías al ámbito profesional.

En el ámbito universitario uno de los mayores obstáculos con los que encuentra el alumno con déficit visual es el acceso a la información escrita. Además, universidades públicas como privadas carecen de facilidades para que las personas no videntes logren movilizarse en estos centros de estudios.

Pero para cambiar esto anterior, hace falta comenzar a crear conciencia entre los docentes y administrativos sobre el trato que deben brindar a este grupo de estudiantes, pues para garantizar el efectivo ejercicio de los derechos de este sector de la población, requieren no sólo ciertas adaptaciones, sino también de personas capacitadas para su atención; además de la necesaria innovación y equipamiento en tecnología, como lo es la implementación de la tiflotecnología, que facilite su aprendizaje;

Si se prevé un sistema de ingreso especial para estudiantes con discapacidad visual, como ocurre en otros países de América Latina, enfrentaríamos y apoyaríamos a este sector ante la dificultad que enfrentan al rendir las evaluaciones y procesos de admisión del sistema regular de ingreso. Con este tipo de programas, se abren cupos para recibir a estudiantes en esta situación y se tiene la posibilidad de atender sus necesidades, evitando así la práctica de ciertas universidades al pretender decidir qué carrera pueden estudiar las personas con este tipo de discapacidad.

Necesitamos sensibilizarnos para poder llevar a la práctica acciones que permitan la eliminación de las barreras para el aprendizaje y la participación, entendiendo que éstas son generadas por los contextos específicos. Necesitamos dar un giro al enfoque de la educación inclusiva, partiendo del reconocer a la discapacidad desde una perspectiva social, en el cual no se considera a la alumna o alumno como causante de su propio problema, sino que la dificultad la originan y enriquecen los diversos actores educativos, como docentes, compañeros y padres de familia, al tener una mala percepción del reto que enfrentan las personas con discapacidad.

Aterrizar e inscribir este compromiso al Plan Nacional de Desarrollo y al Programa Sectorial de Educación, nos permitirá disminuir, con miras a erradicar, la carencia de formación educativa y laboral debido a las escasas oportunidades de desarrollo para estas personas.

A través de las medidas presentadas, se abona  a dar soluciones a las personas con discapacidad visual generando mayores oportunidades de integración social, al promover el surgimiento de una cultura para personas invidentes. Pues somos nosotros quienes nos debemos adaptar a ellos.
Alejandro Domínguez

@alexdom1
“Esta entrada se publicó en el portal Revolución 3.0”

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