Todología con Maiself

Conciencia y corazón

A Este título me recuerda una línea de la canción “No te puedo olvidar”, que cantaba Bola de Nieve en los 50’s: “…no se puede tener, conciencia y corazón”, y hasta se me antoja que discurramos sobre eso.

B Muy bien: hablemos de la intelectualidad y de su resequedad emocional, pero hagámoslo con reflexiones de altos vuelos, para que  nuestros lectores sepan el calibre de nuestras seseras.

A Bueno. Empiece.

B En su mundo platónico, el intelectual salta las trancas restrictivas de su cotidianidad, en una especia de hipismo ontológico con el que escapa de la claustrofobia de sus determinaciones. Así, el intelectual sobrevalua múltiples y variadas realidades (nacionales, de tiempo, de clase) y cree despegarse de los condicionamientos de su historia, viviendo la ilusión de ser oriundo de un limbo especial cuya relatividad le hace pensar que ha escapado del gueto interior de los lastres biográficos. Tal es el efecto de su adicción al poderoso opio de las ideas.

A En efecto, en el intelectual la mayor parte de la energía se moviliza al servicio de las actividades del espíritu, de modo que apenas le queda alguna disponible para las actividades y compromisos de índole emocional, Incorpora hasta vorazmente un sinfín de ideas, modas, retóricas pero, por esto mismo, tiende a ser un analfabeta en lo afectivo, un desadaptado de la sensibilidad natural. Y como médium de tantos discursos, se indigesta y se reduce a medida que acumula en su interior verdades que no respeta o voces que no sigue, ya que por mucho abarcar con la inteligencia, poco aprieta con el corazón.

B No es nada raro encontrar hombres de elevada cultura y de nivel intelectual alto que son retrasados afectivos, trabados por conflictos de la adolescencia. Tal es el precio que tiene que pagar por llevar a cabo sus proyectos cerebrales. Basta echar un vistazo a sus relaciones familiares, amistosas y amorosas para confirmar su aridez y la turbulencia de sus vinculaciones primordiales.

A ¿Tan alto es el precio emocional que paga por intelectualizar su vida?

B Sí, y ante tal panorama desolador, el intelectual es presa de la desesperación que le produce su anemia vital, y se arroja en los brazos de la exacerbación festiva, buscando obsesivamente los medios de transformar los velorios de la razón en carnavales episódicos que de cuando en cuando lo revivifiquen. Es cuando busca amplificar su raquítica emotividad con el alcohol o con cualquier otro medio extático que lo libre del asilo lúgubre de sus cavilaciones compulsivas, de su gélido destino de soledad torredemarfilada. Pero estos vehementes afanes no dejan de ser más que un paliativo, una falaz ilusión que le ayudará a vivenciar exaltada y brevemente lo que no puede sentir serena y largamente, ya que la resaca de sus excesos volverá a acorralarlo y devolverlo al páramo de sus afecciones.

A Ahora sí nos vimos muy espesos, mi buen…

B Es que necesitamos, de vez en cuando, soltar a nuestros caballos neuronales, para que galopen por la verde pradera de nuestra columna.

Armando Gómez V.

Maestro. Investigador. Poeta. Ensayista. Periodista. Humorista. Bibliotecólogo. Conferencista. Tallerista.

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