Todología con Maiself

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Eléctricas ambivalencias navideñas

A Para variar, se aventó otro titulito enigmático…

B Lo que pasa es que usted está acostumbrado a títulos convencionales, aburridamente bien portados

A Pues será lo que usted quiera, pero necesita explicarlo, porque no todos sus lectores son excéntricos como usted

B Me refiero a que las fiestas navideñas  se caracterizan por ser encuentros familiares y laborales cercanos, cargados de una eléctrica intensidad, y de una ambivalencia afectiva, a veces soterrada, a veces abierta

A ¡Es usted un aguafiestas! ¡Mire que inventar malas ondas donde todo es cordialidad…!

B No. Lo que pasa es que usted está infectado por la melcocha mercadotécnica sentimentaloide que propagan los aguinaldófagos mercaderes decembrinos, con el objetivo de obnibular los cerebros y embriagar los corazones con emociones chatarra, y así ablandar los bolsillos de millones de consumidores incautos

A Pues mientras no demuestre lo contrario, con buenos argumentos y evidencias incontrovertibles, para mi seguirá siendo un Grinch Explique lo de la electricidad y lo de la ambivalencia navideñas

B Con el adjetivo eléctrico, aludo tanto a la intensidad espasmódica de los encuentros decembrinos, como a la difusa atmósfera emocional, cual campo magnético, en la cual tienen lugar. Todo mundo se abraza, con y sin la sensación de tener un puñal en la mano, como veremos cuando explique lo de la ambivalencia, y se felicita, y se desea lo mejor, y sonríe, y adorna su casa y su lugar de trabajo con motivos y luces navideñas que, literalmente, electrizan el mes

A Eso queda claro: muchos voltios y emoción por todos lados. Ahora, explique eso de la ambivalencia navideña

B Bueno, pues, me daré a entender. Con la expresión ambivalencia navideña me refiero a que en este mes coexisten, de manera contrapunteada, sentimientos encontrados, positivos y negativos, hacia muchas de las personas hacia las cuales nos acercamos más que en cualquier época del año. De este modo, se viven, simultáneamente, amor y odio hacia ciertos familiares, y hacia algunos jefes y compañeros de trabajo, y simpatías y antipatías hacia conocidos, y a todos los abrazamos para felicitarlos. En todos esos casos, hay porcentajes variables de una sólidamente asumida hipocresía, ya que hay una fuerte presión familiar, laboral, social y religiosa para ocultar los sentimientos negativos que han crecido durante el año, y mostrar, con sonrisas de mulas cacahuateras, los falsos sentimientos positivos.

A Ahora sí me quedo claro todo. Aprovecho para desearle feliz Navidad y próspero Año Nuevo

B ¡Hipócrita!

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