Two Hillaries

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Por Daniel Lanuza

Dos posiciones presenta Hillary Clinton: una vez cuando fue republicana (hasta 1968) y otra vez cuando se decide ir por los demócratas (a partir de 1968 a la fecha). O mejor, una vez siendo senadora (2001-2008) y otra vez siendo secretaria de Estado (2009-2013); no vayamos al caso Arkansas. Estamos ciertos que B. Obama ganó la Casa Blanca porque hizo de Hillary Clinton su secretaria de Estado; también lo apoyó, sometió, coincidió, robusteció, mejoró el camino de los demócratas para la carrera a la presidencia de los EE.UU. Debe recordarse que H. Clinton, como senadora por Nueva York, estuvo a favor de la controversial Enmienda (2001) “Patriot o US Patriot Act o Patriota” una Ley para dotar de mayor vigilancia a las Instituciones del Estado en contra del “terrorismo” y también para sancionar penalmente, de manera severa, a todos los actos que atenten contra la seguridad nacional, los indocumentados estarían “perseguidos” por no distinguirse entre los terroristas (probablemente es una de las razones como fue criticada la Ley, misma que fue una promulgación abrumadora); también estuvo de acuerdo con la presencia del ejército americano en Irak y Afganistán bajo la Dinastía Bush; en el 2006, votó a favor del levantamiento del cerco México-EE.UU., al año siguiente estuvo muy a favor, inesperada y nuevamente por una “Ley de Fronteras Seguras, Oportunidad Económica y Reforma Migratoria” México-EE.UU., como parte de la política exterior, esta ocasión con un membrete diferente: ofrecer mejores herramientas y posibilidades a los indocumentados presentes en el país vecino viniendo de América Latina, especialmente de México, para colocarse en los EE.UU.

En Guanajuato ella misma declaró en el Teatro Juárez que México estaba en el mismo “derrotero que Colombia hacía veinte años”, una amenaza para los EE.UU., prácticamente una invitación al gobierno mexicano a unirse a los EE.UU. en contra del “crimen organizado”. Probable e inductivamente a favor del gobierno de Calderón Hinojosa para concluir ya con su “guerra” (2011) desde el enfoque “Patriot”, aquél recuerdo legista que por más de 10 años (en dos momentos) ha estado vigente, cuando la Clinton se pronunció a favor y; por supuesto, el amigo del presidente Felipe Calderón, en el Estado de Guanajuato, el gobernador Juan Manuel Oliva estaría de acuerdo, pese a su ignorancia supina en recibir a la premier norteamericana en el aeropuerto del Bajío a las 13:00 horas tiempo del centro; la canciller más reconocida, la embajadora Patricia Espinosa, estaría armando la agenda de Estado para ambos jefes, en los Pinos; esa misma tarde del 24 de enero del 2011 se intentaron arreglar una vez más el caso mexicano de frente a los EE.UU., debacle forzoso desde la Iniciativa Mérida o Plan México (junio del 2008).

En el 2008, se postularía en el partido Demócrata a la presidencia con una estrategia humanizante sobre todo en los procesos migratorios entre ambas naciones, reconociendo las debilidades de los indocumentados y de las razones por las cuales los mexicanos cruzan la “línea”: “todo mundo tiene derecho a un mejor estilo de vida” (congruencia con sus afinidades anteriores), luego ella misma declaró que los EE.UU. no era el traspatio de México (inconsistencia con las afinidades humanizantes). Ya como secretaria de Estado indagó los problemas de desigualdad entre los seres humanos en América del Norte y perseveró hacia los derechos de la mujer, de las víctimas mujeres por abusos masculinos y ha procurado las decisiones de Estado en manos de la mujer, evitando a costa de lo que fuera, el homofobismo y otras realidades humanas para mejorar las redes sociales en los contextos de los “derechos humanos” (afinidades con los derechos humanos).

Uno de los temas que llaman la atención en estas decisiones legislativas que ha presentado H. Clinton es su tendencia aparente de sostenerse hacia el Constitucionalismo del Estado, es decir, dotar de mayores decisiones a las Instituciones del Estado al servicio de éste; y por el otro, revisar continuamente el eje de los derechos humanos y las garantías basadas en las libertades de los norteamericanos: el Estado es garante de estas libertades, a mayor individualización, mayor “neoliberalismo”, menos Estado Intervencionista. He aquí la disyuntiva que presenta Hillary Clinton. ¿Cuáles serán las relaciones México-Estados Unidos en manos de Hillary Clinton? De lograrse será en efecto la primera Dama de Hierro en el Poder Público de la Casa Blanca, despachando desde el salón Oval, ya fue la primera Dama de Arkansas, la primera Dama, cuando su marido, William Clinton (1993-2001) estaba en la presidencia y ya, es la primera, por segunda ocasión, candidata demócrata a la presidencia de los EE.UU.

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Analista, consultor, académico y servidor público.

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