Un ataque de miedo

Despertar en medio de gritos de pánico, es realmente una pesadilla. Respirar el temor a los segundos de despertar, es bastante angustiante, triste y lamentable. Pero vivir inseguro, en tu propia habitación, es realmente inconcebible, desesperante e impotente.

Por unos minutos, el temor se apoderó de mi familia este fin de semana. El único pensamiento que vino al instante, fue la confianza en Dios, quien “sobrenaturalmente” despertó a mi esposa para advertirnos que un hombre no identificado, acechaba nuestra casa con intenciones bastantes desconocidas.

Llegó a las 4:42 am. Se puso frente a nuestro domicilio. Miró un par de veces a la cámara de vigilancia y una vez que maniobró “algo”, a escondidas de las cámaras, decidió saltar la barda para entrar a la casa.

Lo hizo por la izquierda y entró al balcón principal. Durante 40 segundos manipuló un ventanal para entrar a nuestro hogar.

Mi esposa, también periodista, dijo haber escuchado algo, pero no fue así. Nunca hubo ruidos, pero “escuchó” algo y se levantó de la cama y quiso mirar a la ventana para checar los autos que se quedaron fuera del domicilio.

Ella jamás imaginó que iba estar cara a cara frente al agresor.

Vivirlo es terrible y contarlo muy  extraño, mi piel se pone chinita y viene un sentimiento que me desprende unas lágrimas de agradecimiento a Dios, a mi valiente familia y a mis colegas que estuvieron siempre al pendiente de nosotros.

Gracias a Dios, todos estamos bien.

Los gritos tanto de ella, como los míos, despertaron a mis hijos. La escena del pánico, del miedo…en serio que duele. Duele profundamente, en medio de las lágrimas, la impotencia y desesperación.

Duele tanto como la inseguridad que vive la ciudad y que se vive en el estado. Asaltos, robos con violencia y homicidios a pleno día.

Todos en casa ya fuimos asaltados.  Nuestros colaboradores también fueron agredidos con armas blancas y justo hace 374 días, entraron a nuestras oficinas y se llevaron computadoras, motocicletas y teléfonos móviles.

Durante el 2017 nos “hackearon” el portal de noticias, recibimos amenazas de quienes se quejan de nuestra labor periodística o de quienes se incomodan por el trabajo periodístico de nuestros colaboradores.

Pero esta ocasión, tras varias medidas de seguridad, todas tomadas por iniciativa propia, las cámaras -por fin- registraron el rostro claro de la intimidación y el ataque.

Hay quienes pretenden robar la paz de nuestras vidas, pero estamos seguros que no será posible.

Somos unos simples periodistas y pastores.

Enemigos de nadie, amigos de todos.

¿Por qué nos atacan?

Periodista con más de 19 años de experiencia. Académico en varias Universidades de Guanajuato. Conferencista, colaborador y Columnista.

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