Una inseguridad que mata niños

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1.- Cuando el crimen mata a nuestros pequeños

La fotografía de la pequeña Paloma, asesinada ayer en la colonia Los Espárragos en Silao, levantó una indignación y hartazgo en la población, cuyos reclamos se dirigieron de manera directa al gobernador, Miguel Márquez Márquez y al propio alcalde, Juan Antonio Morales Maciel.
La impotencia de los vecinos es explicable y lamentable, sobre todo si considera que muy cerca del crimen, se ubica el domicilio del Presidente Municipal y, además, a unos 500 metros de ahí, habitan militares asignados a Silao como parte del esquema de vigilancia interinstitucional.
Si la policía no puede, la Procuraduría tampoco y el Ejército menos, entonces quién pondrá vigilar la ciudad.
¿Quién podrá ayudarnos?
El presidente de Silao, Juan Antonio Morales Maciel, vio con profunda tristeza el dolor de una abuela y de una madre que perdió a su familia en sólo minutos, sin una aparente explicación. El alcalde enfrentó los reclamos de sus propios vecinos, quienes nos ayudaron a reflejar el triste y lamentable panorama que viven todos los silaoenses.

2.- Y Alvar y Zamarripa, bien gracias

Acá, los asesinatos son constantes y sonantes. Dos por día, en promedio.
Y pese a los constantes homicidios violentos, ejecutados al medio día, en la tarde, en la noche, en la mañana o en la madrugada, ni el Procurador Carlos Zamarripa Aguirre, ni el Secretario de Seguridad, Alvar Cabeza de Vaca, avanzan en las investigaciones.
Las ejecuciones en Silao, son el pan de cada día. Y nunca hay detenidos.
Son decenas los muertos que el Gobierno guarda en el baúl de la discreción.
Los habitantes son testigos de cómo se transporta los asesinos e incluso, existe una paranoia colectiva cuando se acercan motociclistas a vehículos, oficinas, casas o incluso comercios o empresas.
Justo esta madrugada, se registró un asalto a una institución bancaria, cuyo monto robado rebasa el millón de pesos y, por supuesto, nadie logró ver nada y ninguna corporación dio con los moto asaltantes.

3.- El miedo empieza a oler a muerte

La muerte de la pequeña Paloma en Silao, debe ser un hecho que marque de manera definitiva, la desesperación y el hartazgo de los guanajuatenses contra las autoridades encargadas de la seguridad.
La grave crisis que hunde a Silao en la inseguridad, es sólo un ejemplo de lo que sucede en Celaya, León, Irapuato, San Francisco, Purísima, Cortazar, Acámbaro, Salvatierra, San Miguel de Allende, etcétera, etcétera.
Ciertamente, el panorama es muy desalentador en la mayoría de las ciudades del corredor industrial, lugares donde el proyecto Escudo fracasó y donde la Policía Militar aguarda con paciencia su construcción y operación.
Mientras, en el estado de Guanajuato, el miedo empieza a tener un fétido olor a muerte y los gobernantes, con vergüenza o impotencia, enfrentan al crimen con un profundo silencio que preocupa y decepciona.

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