Vibra la Compañía con una ‘Schubertiada andaluza a la Debussy’

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GUANAJUATO, Gto.– Bajo el coro del templo de la Compañía, el maestro español Javier Perianes Granero hizo gala de su gala ejecutoria para hacer un viaje de Viena a Cádiz, y luego rendir homenaje al genio de la música impresionista: Claude Debussy.

En su recital del Festival Cervantino —de los pocos que ofrece en América—, Javier Perianes usó Andalucía como puente estilístico para ir de los devaneos romanticistas a las delicias auditivas del impresionismo (o el renacimiento francés de la música).

Catalogado por el diario británico The Telegraph como un “pianista de impecable y refinado gusto, dotado de una extraordinaria calidez sonora”, el músico huelveño abrió con una actitud un poco fúnebre, es decir, exquisitamente schubertiana: el Allegretto en Do menor 915 que, de acuerdo con el reseñista Lázaro Azar, oscila entre lo sombrío y lo apasionado.

El Allegretto —de entre 100 y 128 pulsos por minuto— llevó al ejecutante a “dejar correr” los dedos cual elfos saltarines, en un “dejar volar” libremente la inspiración para la confesión sentimental del público fortuito y del omnisciente.

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En esta misma vertiente de fertilidad creativa del romanticismo teutón, el español evocó las Schubertiadas de Viena y la gloria del Lied con un tríptico del poeta de la música, el alumno bohemio de Salieri: Drei Klavierstücke D. 946.

La deuda con Schubert (1797–1828) así quedó saldada.

Para el Intermedio, el maestro Perianes trajo al Festival Internacional Cervantino la riqueza modulatoria del genio gaditano Manuel de Falla y Matheu (1876–1946), con dos piezas para reproducir en estampas mentales cosas inexistentes o emperifollar las reales: Nocturno (1896) y Serenata Andaluza (1900).

Tras el homenaje a su compatriota, hizo vibrar la Compañía con La Cathèdrale Engloutie (La Catedral Sumergida) y otros Preludios que el francés Claude Debussy (1862–1918) compuso en honor a Chopin y, en palabras del mismo Azar, dar rienda suelta a la imaginación… Y de repente ser Mallarmé. Hasta las imagen jesuítica de San Ignacio parecía cobrar vida en medio de un intrincado tramado de juegos tonales que se liberan de las correas fornales… ¿O cómo tañen las campanas de la Catedral de Ys bajo las aguas?, ¿o cómo se crea una niebla de ensoñación dentro de un templo trinitario?

El compositor español Manuel de Falla y Matheu llamó “creador de la música nueva” a Debussy. Quizá, como contestación a la carta de pésame que el gaditano envió a la viuda, Perianes, artista exclusivo del sello Harmonia Mundi, cerró su presentación cervantina con la Fantasía Baética, de 1919, un pedido de Rubinstein a Manuel Falla… Y con esta reciprocidad al piano queda dicho todo.

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