Jesús Bolaños: el regidor verde que convirtió la política de Silao en negocio

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En Silao, hablar del regidor Jesús Bolaños equivale a repasar un manual de supervivencia política local: durar, acomodarse y cobrar. Todo con sonrisa verde.

Bolaños no llegó ayer. Lleva años orbitando el poder municipal, cambiando de traje sin cambiar de fondo. Candidato recurrente, regidor persistente, operador silencioso. Siempre cae de pie.

Su historia se cuenta fácil para cualquiera: el partido como escalera, el cargo como palanca y el apellido como llave. La política no como servicio, sino como inversión y negocio.

El Partido Verde Ecologista de México lo sabe y lo permite. Porque Bolaños opera acuerdos y no incomoda al poder. La ecología queda para el logo.

En la planilla municipal no llegó por mérito ciudadano. Llegó por imposición. Otros buscaron encabezar, otros hicieron fila, pero el partido eligió lo conocido: Bolaños otra vez.

Desde el Ayuntamiento, su especialidad resulta clara: votar con quien manda. No importa el color del gobierno ni el discurso del día. Importa quedar bien arriba y firme abajo.

La Feria municipal dejó huella. Estuvo en el comité estratégico, con decisiones rápidas y un terreno que mágicamente pasó de treinta a ochenta millones. Milagros financieros que nadie explicó con seriedad.

Cuando surgieron dudas, Bolaños no aclaró. Difundió la versión conveniente. Hizo lo que mejor sabe: repetir el guion oficial hasta que el ruido se canse.

Luego vino el caso de la calle Raúl Bravo. Ahí, vecinos molestos le hicieron señalamientos de comprar terrenos a un difunto. Más grotesco no puede ser.

Ahí no hubo discurso verde ni defensa social. Hubo evasión, aliados y tiempo. La fórmula clásica: aguantar el temporal hasta que otro escándalo distraiga.

Y en medio de la turbulencia, aparecieron versiones sobre áreas verdes convertidas en negocio. Terrenos que cambian de dueño. Espacios públicos que dejan de serlo. Todo, supuestamente, bien “cabildeado”.

En Silao, muchos ya no preguntan si Bolaños incurre en malas prácticas. Ahora preguntan por qué sigue ahí. Por qué el partido lo protege. Por qué el sistema lo premia.

El viaje relámpago que olañis hizo a Madrid confirmó sospechas. Llegó tarde, se coló al grupo y disfruta de España en una encomienda que busca promover Silao. Obvio, se tratan un pago político disfrazado de promoción turística.

Con su salida del bloque opositor, el Ayuntamiento quedó partido en dos: seis contra seis. En ese empate, personajes como Bolaños inclinan la balanza. No por ideas, sino por intereses.

Hoy se habla de cambios internos en el Verde. De nuevos liderazgos. De limpiar la casa. Falta ver si el discurso alcanza para sacar a los inquilinos eternos. Vaya desafío que tiene el abogado, Ricardo Ramírez Nieto.

La reflexión final es sencilla: Silao no necesita más políticos expertos en sobrevivir. Necesita representantes que sirvan. Y Bolaños, guste o no, simboliza justo lo contrario: la corrupción y el negocio.