GUANAJUATO, Gto.- La conciliación de casos de acoso sexual en la Universidad de Guanajuato debe de ser eliminada del protocolo de atención ya que revictimiza a la afectada al encararla con su agresor.

Lo anterior, se aprobó como propuesta de la comisión de Igualdad de Género en el Congreso del Estado para reformar el protocolo de atención en casos de violencia de genero de la Universidad de Guanajuato.

La presidenta de la comisión, la diputada de Morena, Magdalena Rosales, explicó que se busca que con la eliminación de la conciliación entre las partes no se revictimice a las afectadas al tenerlas que encarar con su agresor para llegar a un acuerdo.

“Ponerla a conciliar con su victimario, es algo que se debe eliminar, hablar de una conciliación es revictimizar y eso se tiene que eliminar, que lo atiendan de otras formas, no pueden enfrentar a una persona que está herida en su percepción de tranquilidad y que tiene que seguir con su vida universitaria, docente o administrativa”.

Otras de las proposiciones que hicieron las diputadas para fortalecer el protocolo, es que el personal de la UG cuente con una capacitación especializada en hostigamiento sexual, además que cada una de las sedes exista un consejero de derechos humanos y que las partes involucradas en casos de violencia de género, puedan consultar los archivos de sus asuntos de manera electrónica.

Consideró que las cifras que ha emitido la máxima casa de estudios, no están actualizadas y contrastan con las de otras instancias de apoyo a víctimas de violencia de género, ya que algunas de las víctimas no tienen la confianza de acudir a las herramientas institucionales a denunciar.

“Hay un desfase, muchas de las victimas van a organismos de atención a los derechos de las mujeres, se saltan las instancias universitarias, por eso tenemos un número mayor cuando nos reportan las instituciones, eso nos indica que hay una falta de confianza en las autoridades”.

Estas propuestas serán presentadas de manera formal a las autoridades universitarias en próximas reuniones.

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1 COMENTARIO

  1. Destapando la cloaca
Y Nos preguntamos sobre la caída de los índices de matrícula en la División de Ciencias Económico Administrativas, de la Universidad de Guanajuato, la DCEA, especialmente de sus programas de posgrado, la que en el mejor de los casos pareciera que goza de un nivel académico tercermundista cuyo rector de Campus Luis Felipe Guerrero Agripino se maneja con un puro politiqueo de partidos políticos y sindicatos universitarios que no buscan el bien común y la excelencia medidas con el rasero de la libertad y el mérito, sino de cúpulas de poder y ámbitos más decisivos de personajes cuyo único afán es medrar sin merecer. Ésto produce una suerte de conjura de mediocridades que a nadie con el mínimo sentido de la independencia intelectual puede escapársele. De ahí que no pueda hablarse de casos individuales de incompetencia, sino de una verdadera lacra colectiva que integra las diversas direcciones o jefaturas de la DCEA de la Universidad de Guanajuato.
Sucede que generalmente el nepotismo trae algo bueno: una vez que los privilegiados se estabilizan, su avidez suele disminuir, y como en general son muy mediocres, desangran con menos intensidad al portador sobre el que se asientan, ya lo decía un querido amigo el Doctor Alain Chanlat, precursor de los Estudios Organizacionales en México; sin embargo esa generalidad no caracteriza la dirección de Guerrero Agripino, cuyos “amigos”, reproducen el mismo esquema con más descaro.
No solo el nepotismo caracteriza esta rectoría de campus, hablemos de sus prácticas “psicoterroristas o mobber.” Éstas nos presentan un retrato bastante cruel de lo que somos, de lo que son nuestros gremios intelectuales, nuestros irrelevantes y mínimos mandarines de ocasión y nuestro irrisorio afán por el “poder” académico. Esta realidad parece desapercibida por Derechos Humanos y los Organismos Certificadores de la Calidad, quienes sin cuestionamiento algún, emiten los certificados de calidad, de responsabilidad social, de equidad y otros. 
Sin embargo esta realidad circula, se palpa, se está exteriorizando, ya no queda espacio para el ocultamiento y el hacer oídos sordos ante la sonora realidad que se vive en la DCEA. Sigue existiendo un trato de súbditos y no de compañeros, continúa habitando un cierto servilismo de la edad media, se habla de endogamia, amiguismo y corrupción (sentido de tribu, grupo de intereses, curia de poder, egos desaforados, envidias, en el puro y llano lenguaje de los Estudios Organizacionales).
    Ante ello, los integrantes de la comunidad universitaria no pueden, ni deben, ser testigos mudos, ni cómplices necesarios, ni coautores, ni mirar sin ver, en un contagio general de la miopía, máxime cuando esas situaciones han traspasado las fronteras de la Universidad y están en la calle, la sociedad las conoce,. La prensa tiene titulares, que la hacen pública y notoria, ha salido de las aulas para ser criticada: “Oposiciones de plazas con nombre propio la oscura forma de cubrir las plazas en la DCEA “y no se diga las múltiples demandas en las autoridades del trabajo.
    Pero si bien eso es grave, y debe atajarse en vía administrativa, laboral y judicial, lo que se evidencia es que los efectos más perniciosos son los que afectan a las personas, a sus derechos fundamentales y a otros valores, como la dignidad humana, surgiendo la violencia psicológica, que es utilizada, sistemáticamente, por el rector y sus directores de áreas contra aquellos miembros de la comunidad universitaria que no colaboran en el entramado juego que han consolidado.
    De este modo nos encontramos con un teórico escenario corrupto con posibles interacciones, entre el/los acosador/es y la víctima del acoso, en un ámbito con legislación específica y con estructura democrática, como lo es la Universidad, y donde se presentan resquicios legislativos y normativos que el acosador puede utilizar contra la víctima. Acosador que se protege de tal manera que su efectivo abuso de poder, e incumplimiento de normas y legislación, puede quedar impune y lograr el objetivo de que sus actividades corruptas sigan pareciendo legales.
    Las causas de este “terrorismo universitario” deben buscarse en la propia biología:, el grupo de directivos de la DCEA, su ansia de poder, su testosterona mal regulada, la envidia, los egos desaforados, el parasitismo, y el sentirse altos directivos. Del mismo modo, también influye la propia estructura organizativa de la División, como citara Ibarra y más atrás Weber, la cual, establecida en su núcleo, en departamentos, permite que no exista un responsable claro que asuma las responsabilidades de las acciones emprendidas, y, muchas veces, la persona encargada de desempeñar la función de dirección suele ser un gestor que funciona a base de votos y nombramientos y que no suele tener que justificar sus actuaciones más que de una manera formal, evidenciándose que los rasgos destacados con anterioridad, -sentido de tribu, grupo de intereses, curia de poder, egos desaforados, envidias, precariedad laboral, salarios bajos, endogamia…- tienen un carácter tan arraigado y pernicioso que conllevan que se genere un “obstáculo”, casi insalvable, para su denuncia y enjuiciamiento, porque esos mismos elementos generadores del problema, son a su vez elementos que impiden al acosado ejercitar una defensa, bien en vía administrativa, bien en vía judicial y ello por diversas razones, quizás la fundamental, pueda ser la envidia y el miedo del acosador a que otro le haga sombra, lo que le lleva a intentar ‘cortarle la cabeza’ y a machacarle psicológicamente para que desista.
Y ¿qué decir de la corrupción? Por lo que he comprobado y denunciado en varias ocasiones, es una práctica corrupta bastante frecuente en la División el que se convoque una plaza a concurso público, donde de forma descarada se conceden a personas concretas que comulgan con su postura política.
Lejos de disminuir, la corrupción de los profesores sin escrúpulos que ocupan ahora cargos de directores de división, aumenta; como Héctor Efraín Rodríguez de la Rosa y su empresa que comercializa en la división; Domingo Herrera González, asignando salarios de “Doctores” a estudiantes de Maestría como lo hizo con la hoy en día secretaría administrativa del campus Claudia Gutiérrez Padilla; mismos que junto con Agripino, enfrentan una denuncia en la Comisión de Derechos Humanos con el expediente 122 que a todas luces intentan sobornar. Hasta al Consejo Universitario” están llegando numerosas denuncias de profesores que afirman que este cáncer que se ha sembrado en la DCEA, se está extendiendo, no se diga a los programas de maestrías donde los pioneros académicos están siendo sustituidos por los personajes irrisorios de la empresa de Efraín. De la misma forma, los departamentos crean “perfiles” a la carta de los enchufados, bajo la mano ni tan invisible de Agripino. No se valoran los méritos, acreditaciones ni publicaciones, tampoco el impacto ni el prestigio internacional, mucho menos la capacidad y mérito intelectual respaldado por evaluaciones de alumnos de licenciaturas y posgrados, sino el amiguismo, la inclinación política, el compadreo y a veces hasta la inclinación sexual.
    Las Comisiones de Evaluación, integradas mañosamente y validadas por Guerrero Agripino llegan hasta el punto de que ni siquiera revisan los currículums para proveer plazas, que además se convocan clandestinamente para que haya el menor número posible de aspirantes. “Es lamentable que el Rector General, Dr. José Manuel Cabrera Sixto, no tenga el fuero suficiente para deshacerse de éstos seudo directivos de opereta que han tomado nuestra División, conmino a la nueva Directiva sindical, a los titulares Del Órgano de Fiscalización Superior, a La Procuraduría de los Derechos Humanos, a La Contraloría de la Universidad, a los alumnos y ex alumnos de esta casa de estudios y a la sociedad en general, a unir fuerzas con todos aquéllos que deseamos que esto cambie.

    “La Verdad os hará libres”

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