Disfruto cómo escribe Elena Poniatowska -aun cuando la han denunciado por plagio, entre otros, Luis González de Alba (“Tlatelolco aquella tarde”), por partes de su libro “La noche de Tlatelolco” y de otras obras-.

De su más reciente, “De la tierra al cielo. Cinco arquitectos mexicanos”, obtuve una reflexión del arquitecto español David Moreno: “habitar” etimológicamente significa, más que vivir o morar en un lugar, “ser llevado hasta la paz”, primero en cuevas u oquedades en que Homo sapiens se protegieron, hasta más allá de este mundo, la “paz perpetua”, cita que hilvané en la introducción de una conferencia que doy esta semana en Congreso Internacional en Cancún, “Cómo lograr habitar seguros, desde las personas y lo local”, donde converso sobre cómo construir el “hábitat” nuestro”, hacerlo estadio de tranquilidad en orden justo, vistas las circunstancias del México actual.

Otro asunto crítico son los incendios desde hace casi un mes, provocados este año por granjeros, que mantienen quemándose más de 500 mil hectáreas de la Amazonia (la superficie de Alemania), al preparar tierra para cultivos y pastura en la selva tropical más grande del mundo, ante la flexibilización de controles ambientales del actual presidente brasileño -que alega “tengo otros datos” (otro) sobre deforestación-.

Brasil es el mayor exportador mundial de carne y el segundo de soya, principalmente a China.

El Presidente de Francia con la Unión Europea se ha puesto al frente de la respuesta internacional para reclamar al presidente de Brasil, a quien acusó de mentiroso (otro) y en la sesión del Grupo de los 7 líderes mundiales concluida este lunes se consensó como prioridad mundial apagar y reforestar luego.

Nuestro instinto de conservación como especie humana nos debe llevar a responder bien ante la catástrofe que devasta “El pulmón del Planeta”, hábitat de seres vivos. Ese pulmón nos facilita respirar por los árboles que desde su interior succionan el agua desde el suelo de la Amazonia y cuando el agua llega a la parte más alta, sol y viento la convierten en un caudal de nubes que fluye por toda Sudamérica. Al chocar con los Andes las nubes se condensan y se convierten en lluvia que baja al río Amazonas; y al contacto con las rocas se convierte en sedimentos que un alga –diatomea-, nos  suministra oxígeno que luego respiramos, y almacena dióxido de carbono, gas que atrapa calor al absorber millones de toneladas de carbono. Es una de las mayores fuentes globales de fijación del carbono atmosférico. ¡Produce más del 20 % del oxígeno de la Tierra!

¿Qué podemos hacer tú y yo para cuidar nuestro Pulmón común? Mucho, y sin fundamentalismos, maniqueísmos, desproporciones ni frustraciones, en la dirección de cambios sustantivos en el uso de la tierra y la dieta humana, para preservar bosques,  ser un consumidor consciente y lograr dietas equilibradas de alimentos de origen vegetal y de animal producidos de forma sostenible.

Replico de mensajes de jóvenes: compartir indignación y concientizar a otros, no desperdiciar agua, consumir más bienes locales y a pequeños productores, comprar a granel alimentos o productos de limpieza,  comprar menos ropa y reciclarla, reutilizar y reducir uso de plástico, reducir y reciclar basura, eliminar desechables, comer menos carne -y lácteos, vacas producen gran cantidad de metano- (María es radical, no la come);  sembrar otro árbol y verduras orgánicas; dejar de consumir productos de aceite de palma, usar bicicleta, no consumir carbón.

No al tren maya, refinería 2 Bocas ni energías fósiles. De la preocupación por “el final, se acerca ya”, pasemos a la ocupación, sin látigo, ni ánimo pitoniso o fatalista, para no ser llevada la especie anticipadamente a la  “Paz perpetua”, previa rendición de cuentas. Sin odio y sin violencia.

Los valores personales prevalecen sobre los impersonales; nuestro hábitat  hace posible ambos.

 

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