Embarazos, cuidado de los hijos y necesidad de trabajar.

Estas son las principales causas que las y los jóvenes silaoenses expusieron como obstáculos para continuar sus estudios, en la Consulta infantil y juvenil que se realizó en noviembre del año pasado en este municipio, como en otros del estado.

Por supuesto, son las mujeres jóvenes las principales afectadas o en quienes impacta en mayor medida estas condiciones que les impiden continuar asistiendo a una escuela, de los niveles de secundaria, medio superior o superior.

A la consulta respondieron adolescentes de entre los 14 y los 17 años; es decir, todos menores de edad.

El meollo del asunto es que los resultados que arrojó la consulta del Instituto Nacional Electoral (INE) en Silao no distan mucho de los que presentan otros municipios del estado.

El embarazo adolescente es uno de los problemas en crecimiento en los últimos años en Guanajuato y en México.

Según datos del INEGI, en el 2016 en el estado se registraron poco más de 20 mil nacimientos anuales de hijos de mujeres menores de 19 años.

El 70 por ciento de las mujeres de entre 15 y 19 años de edad que tuvieron relaciones sexuales, no utilizaron métodos anticonceptivos.

Un 81 por ciento de las madres adolescentes tenían educación básica (secundaria) o menos.

Guanajuato es uno de los estados en los que el embarazo adolescente se ha mantenido estable en número, en un porcentaje del 17 por ciento de nacimientos de madres menores de 20 años.

Que no disminuya tiene muy diversas repercusiones: en la salud de las mujeres, en su vida sexual y reproductiva, en el ejercicio de una maternidad libre, informada; en los riesgos de salud de los hijos de madres menores de edad.

Repercute también en limitar las oportunidades de desarrollo profesional, educativas, de acceso a una mejor calidad de vida y al ejercicio pleno de todos los derechos de esas jóvenes, que generalmente sólo tienen dos opciones, un matrimonio temprano para el que no están preparadas emocional o económicamente junto con sus parejas –con las que muchas veces siguen teniendo hijos en un corto lapso-, o ser madres solteras que se convierten en jefas de familia desde su temprana edad.

Cualquiera de estos dos panoramas no es nada halagüeño para una edad que tendría que vivirse de otro modo, fuera de la desesperanza de la desocupación escolar o laboral, del tentador mundo de las drogas u otras adicciones o del embarazo en menores de edad, que en realidad es abuso.

Algo –o mucho- no estamos haciendo bien como sociedad y gobierno y las y los jóvenes están pagando caro por ello.

 

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