La construcción de la memoria de un país también incluye no olvidar las tragedias y sus consecuencias.

La reconstrucción de todo lo que derrumbaron los sismos de septiembre de 2017 apenas alcanza una quinta parte del cien por ciento, a dos años de que ocurrieron, según el corte del que informó este miércoles el gobierno federal, a través del presidente Andrés Manuel López Obrador y de varios funcionarios que ahora están al frente de las instancias que se deben hacer cargo en esta administración de continuar y, quizá, esperanzadoramente, concluir esa reconstrucción.

El 7 de septiembre, un terremoto con epicentro en Chiapas alcanzó los 8.2 grados de magnitud. Ocurrió 11 minutos antes de la medianoche, cuando la mayoría de las personas ya duermen.

La magnitud de este terremoto fue similar a la del que se registró en 1985 en la Ciudad de México.

Su impacto alcanzó a Oaxaca, Guerrero, Tabasco. Se estima que murieron más de cien personas. Ha sido, según un recuento publicado por Animal Político, el cuarto evento más mortífero en el país en este siglo.

El 19 de septiembre de 2017, horas después de que, como cada año desde 1986, se recuerda a las víctimas, héroes y heroínas de los sismos de 1985 y se conmemora el Día nacional de protección civil por este mismo suceso, volvió a temblar.

Eran las 13:14 del día. Este temblor tuvo una magnitud de 7.1 grados y se sintió en seis estados: Morelos, Puebla, Oaxaca, Estado de México y Guerrero, además de la Ciudad de México.

Murieron 369 personas. Por ello, este sismo ocupa el primer lugar en eventos mortíferos en México.

La construcción de la memoria de un país incluye no olvidar por qué las tragedias han sido más graves de lo que pudieron ser.

El desplome de edificios, torres departamentales, viviendas, oficinas y edificios públicos tuvo en parte causa humana. La mano humana. La corrupción humana.

Construcciones que no cumplieron con las normas de obra; que excedieron el número de pisos, que se sirvieron de materiales que exhibieron su debilidad y sus fallas con estos sismos. Pasaron 34 años desde los sismos de 1985 y no se entendió ni atendió todo lo que se tenía que entender y atender.

Las escuelas de varios de estos estados, particularmente en las zonas de mayor pobreza en Morelos, en Oaxaca o en Puebla, fueron de las más afectadas, por lo antiguo de su edificación; varias de ellas no habían sido rehabilitadas, reparadas, mejoradas ni una sola vez en toda su historia de vida.

Patrimonio arquitectónico  de gran valor también resultó gravemente deteriorado. Hay pérdidas, nunca de la magnitud de las vidas humanas, sí de irrecuperable significado para la historia cultural del país.

La destrucción mostró, por otro lado, la cara de la solidaridad, principalmente de los cuerpos de rescate y de miles de civiles.

La destrucción ha mostrado, en los dos años siguientes, la ineficacia y la corrupción que absurdamente siguió permeando en el gobierno de Enrique Peña Nieto para aplicar los recursos destinados a la recuperación de viviendas, escuelas, patrimonio histórico, hospitales, edificios.

El resumen lo conocimos el miércoles: apenas un 20 por ciento de avance.

Hay familias que han pasado dos años viviendo en campamentos improvisados; niñas y niños que han pasado dos años tomando sus clases bajo techos de láminas o en aulas improvisadas con carpas en las zonas afectadas; hospitales que no han podido volver a recibir pacientes (es uno de los rubros que más atraso presenta)…

Esto es casi como decir: la reconstrucción apenas comienza.

 

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