vero-espinoza

El argumento no podría ser más barato, común y corriente: lo hago porque soy el alcalde y está en mis facultades.

Y así pasó que Alejandro Navarro Saldaña, empresario hotelero con atribuciones de presidente municipal, nos endilgó de nuevo la imagen del Teatro Juárez, uno de nuestros monumentos más importantes, con mesas y sillas de un negocio particular para la foto.

Normalmente, la frase “en uso de mis atribuciones” nada tiene qué ver con “lo que la ley me ordena cumplir”. Más bien suele usarse para sustituir los pensamientos  más apegados al “aquí mando yo”, ese tan mal entendido poder que da recibir el voto ciudadano.

Cada tres años se reinventa el mandato municipal, y el sello lo pone el estilo personal de “gobernar”.

En el trienio pasado, que  mucho nos quedó a deber, se tomó la decisión respaldada por un dictamen técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia, de retirar mobiliario de negocios –restaurantes y bares- de la vía pública, particularmente en el punto adyacente al Teatro Juárez, por una medida de protección al inmueble.

Pero llegar a esta decisión no fue fácil. Mucho se quejó el entonces delegado del INAH, Sergio Tovar, de los intereses económicos que prevalecen en estos temas y de los “oídos sordos” de las administraciones para atender criterios que muchos consideran excesivamente rigurosos en materia de preservación del patrimonio histórico y arquitectónico.

Nada más que hasta hoy esos criterios siguen en leyes y reglamentos, y las autoridades, en uso de sus atribuciones, están obligadas a cumplirlos…y hacerlos cumplir.

Hubo inconformidad de éste y otros propietarios de negocios a quienes igualmente se negaron permisos para la vía pública, recursos por la vía jurídico-administrativa…pero ninguna manifestación multitudinaria de ciudadanía o visitantes exigiendo la reinstalación del mobiliario, que por cierto, muchas veces se sirvió de amarrar cuerdas o mecates de los toldos y adornos de los añejos barandales que forman parte del inmueble porfiriano, así como de obstruir la vía.

Hoy el riesgo está en que desde la administración municipal se vea a la ciudad como puesto de recuerdos para turistas, en lugar de la casa a la que hay que cuidar, preservar, ordenar mantener limpia, segura y en armonía entre sus habitantes y quienes la visitan. Sobre todo esto último, a lo que se le llama sustentabilidad, o en lenguaje simple y llano, “cuidar la gallina de los huevos de oro”.

Y no hablemos del ruido ya insoportable que desde varios antros del centro rebasa con mucho los límites reglamentarios; las carencias que en materia de protección civil presentan muchos de estos negocios a todas luces…y ahí le dejamos porque la lista es larga.

 

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