1.- El virrey y sus postales de enamorado

En la Isla Azul, los virreyes pronto pierden el piso y se pasean de lo lindo por el vecino reino de la nieve. Todo a fin de presumir cómo la clase de la sangre real, léase azul, tiene el privilegio de viajar y estar en los terrenos estadounidenses.

El virrey de la capital de Guanajuato, Alejandro Navarro, anda de viajero por los terrenos de los güeros y no pierde el tiempo para posar con su esposa y lanzar sus fotografías vacacionales por las redes sociales.

Son como postales de enamorado mal querido.

Por supuesto que no tiene nada de malo. Lo malo es que se ausentó de la Isla Azul, con el argumento de representar a los capitalinos, mientras este pedazo de tierra vive envuelta en una ola de violencia.

Al alcalde sólo le interesa presumir postales de novio enamorado. Criaturita…

Pero pese a las críticas, lo que hay que reconocer es que al virrey le gusta pasear. Y lo hace a cada rato.

2.- Acostumbrado a ausentarse…por viajes

Recordará que hace unos meses, a pocos días de entrar como Alcalde, pidió licencia por 10 días para viajar con su hija a Europa. Aquella ocasión argumentó otra cosa ante el Cabildo, pero lo real fue que aprovechó el tiempo para conocer otras tierras.

Ahora hace lo mismo, me canso ganso.

El virrey Navarro, ahora conocido en el mercado de la capital como “Maxialejandro el Grande”, se ausentó de la isla azul porque iba a celebrar los 50 años de hermanamiento con la Ashland, Oregon. Ciertamente ahí estuvo, pero ha aprovechado muy bien sus tiempos libres para presumir la buena pareja que hace con su esposa.

Son los monarcas del cuévano azul y así se comportan.

¿Ahora entiende por qué Navarro Saldaña no quiere a los turistas pobres?

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