1.- Una cobardía que decepciona

El primer ataque fue en Valle de Santiago: Un comando entró a la cárcel municipal y mató a cinco personas para rescatar a otro detenido.

Los atacantes dieron un minuto para que los policías salieran huyendo. Y todos los agentes salvaron sus vidas. Dejaron a los detenidos ahí encerrados, sin manera alguna de defenderse.

La fiscalía ha descubierto, tras el ataque, que un juez calificador es quien “soplaba” o hacía su gran labor de “halcón”.

Ante este hecho, el Secretario de Gobierno, Luis Ernesto Ayala, mandó un tuiter y dijo que habría más colaboración con las autoridades municipales y pidió de igual manera el apoyo federal.

El segundo ataque fue en Celaya. Tras la manifestación de reclamo que hicieron comerciantes (tortilleros y abarroteros) por las constantes extorsiones, dos comercios fueron atacados y asesinaron a cuatro personas.

Tres eran mujeres que atendían la tortillería “La Indita”. Fueron balaceadas por razones inexplicables. Quedaron tiradas ahí, al pie de la máquina automática de hacer tortillas, mientras sus familiares lloraban la desgracia.

Luego, el secretario de gobierno volvió a enviar un tuit para anunciar que reforzarían la vigilancia y llegarían varios elementos de las Fuerzas del Estado para reforzar la seguridad.

¿Habrá un tercer ataque? No se sabe, pero la autoridad, tampoco lo sabe, que es peor.

Lo cierto es que el gobierno de Guanajuato, léase el panista Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, no sabe cómo responder a semejantes ataques.

Sus policías abandonaron el cuidado de los civiles y la delincuencia opera con absoluta libertad. Hay una terrible anarquía que huele a muerte y desesperación.

La prueba es que los secuestros aumentan, las extorsiones también y las amenazas continúan sin que la autoridad pueda dar resultados efectivos.

La Isla Azul está en decadencia.

Hay como una cobardía e indolencia que desespera y decepciona.

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