1.- La deuda de Diego

El gobernador panista de Guanajuato, Diego Sinhué Rodríguez Vallejo, cree que la entidad y sus habitantes, necesitan endeudarse para incentivar la economía local y enfrentar los embates mundiales financieros.

Ya envió la propuesta al Congreso del Estado y solicitó que la nueva deuda para Guanajuato sume 5 mil 350 millones de pesos.

Su propuesta asegura que un 40 por ciento de este dinero, se destinaría para las carreteras y la movilidad, un 21 por ciento para la seguridad pública, un 26 por ciento para el desarrollo social, 6.5 por ciento para salud y 5.6 para la educación.

Evidentemente, el negocio del gobierno está en las carreteras, donde la corrupción es el PAN de cada día y donde la opacidad es la práctica diaria de los gobiernos de esta hermosa y sufrida isla azul.

La nueva deuda de Guanajuato incrementaría considerablemente y, en lugar de implementar un mecanismo de austeridad, como lo recomiendan economistas y buenos empresarios, el gobierno pretende gastar dinero que no tiene.

Diego optó por lo más fácil.

Es como si un padre de familia, en lugar de revisar sus economías y ajustar sus gastos, decide pedir un préstamo para mantener un estilo de vida que no puede llevar ante las condiciones económicas de su entorno y, contrario a limitarse, decide usar todas sus tarjetas de crédito.

Los aplaudidores y defensores del gobierno y de Diego, juran que la economía está fortalecida y no existe riesgo alguno para endeudarse. Y lo justifican, pues informan que hay alternativas para echar mano en caso de alguna crisis.

Para que todos entendamos, es como si una mamá decide endeudarse, porque tiene una casa como aval, un auto para vender en caso de contingencia o un papá que le puede prestar si las cosas no salen como debían. No es posible.

Nuevamente, el gobernador Diego, se equivoca.

Endeudar a la población por decreto o por decisión de los diputados, es una de las maldiciones más terribles que un gobernante pueda heredar a los habitantes. Los nacidos en Guanajuato nacen siendo esclavos de capitales extranjeros, por decisión de un rey o de un gobernante o un soberano ignorante.

Lo peor, es que sus consejeros, se esmeran en argumentar o defender una deuda, cuando debería de existir alguien que le advierta de las malas decisiones al desviar o destinar el 40 por ciento de los recursos de deuda a las carreteras del terruño, que no abona en nada al ciudadano en crisis. Pero como ahí están los moches y la corrupción, ahí es donde más le apuesta el gobierno de Diego.

Una lástima y una decepción de quien decide el destino de la Isla Azul.

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