¿Cuál es la prisa?

Leo de la pluma del periodista Pablo César Carrillo, autor de los Relatos del Poder, una elegía a la prisa del gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo: “El gobernador de Guanajuato arrancó su administración a toda velocidad.”

La columna, publicada este lunes en el blog “De Ocho News”, nos obliga a repasar una numeralia impresionante sobre la cantidad de eventos en los que ha estado el mandatario en menos de tres semanas.

No extraña, ocurría lo mismo en la campaña: Diego visitaba todos los municipios y lo hacía varias veces. Parecía un concurso televisivo, aunque no se nos quedara grabada ni una sola de las ideas que planteaba en los innumerables mítines y reuniones en corto. El candidato se jactaba de las vueltas que completaba al estado cada tantas semanas.

Diego, al parecer, cree que hacer política y gobernar es una sucesión de eventos acumulativos, que se gobierna más mientras más se mueve, mientras más aparece en fotos de presídiums en los medios, mientras más se agita.

Lejos está la filosofía de políticos de épocas pretéritas, más reposados, más reflexivos, que decían sabiamente: “gobernar es sentarse”.

a toda maquina

A toda máquina

Para Diego, la gubernatura es una road movie, una larga toma sin reposo, un no estarse quieto, un pisa y corre que no da tiempo para contestar preguntas de la prensa, ese gremio que tiene la mala costumbre de inquirir sobre los problemas del estado.

El gobernador de Guanajuato, impetuoso en el cierre de sus treinta años, olvida también aquella máxima que afirma que “la prisa es mala consejera.”

Quizá por ese movimiento perpetuo, que incluso lo llevó a un viaje por el lejano oriente en la insoportable espera del periodo entre la elección y la asunción, es que el mandatario no se dio a la tarea de revisar con cuidado el diseño de su gabinete, lo que le obligó a un penoso continuismo que opera exactamente en sentido contrario a la prisa que lo invade.

Quizá por eso tampoco logró una mayor equidad de género en su gabinete, ni revisó con calma el diseño de las nuevas secretarías que parece estar en manos de sus propios titulares, ajenos ellos a las urgencias de Guanajuato.

La prisa hizo que el golpe de timón se convirtiese solo en palabras que se lleva el viento en contra, ese que se mueve más rápido mientras más apresurado va uno.

Lo que quizá no sabe Diego Sinhue es que su prisa no es la prisa de sus gobernados, que ya no sienten lo duro sino lo tupido cuando se habla de la paz perdida, del aire contaminado, de las carreteras saturadas, de los bajos salarios, de los ríos convertidos en vertederos o de los nuevos basureros industriales que aparecen donde uno menos se lo espera.

Para desdoro de la prisa que tanto entusiasma a los relatores del poder, hay quienes quieren que las cosas no se hagan rápido, sino bien.

Y, en efecto, a nadie conviene tanta prisa si a donde nos dirigimos parece ser al despeñadero.

Así que, más vale tomarse un respiro, ver el mapa y pensar un poco antes de pensar solo en pisar el acelerador.

A final de cuentas, y como decía el gran corso: “despacio… que llevo prisa”

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