Guadalupe Hernández fue, para muchos de nosotros, el ejemplo de una periodista comprometida con la justicia, que confió en las instituciones pese a que todas y cada una de ellas le volteó la espalda

“Se metió conmigo y con mi apodo, el apodo es de mis amigos, no de cualquier pinche… no de cualquier cucaracha, no la conozco, no tengo el gusto ni el susto de conocer a esta pinche vieja”. – Alejandro Herrera, director de El Sol de Salamanca, al referirse a Guadalupe Hernández, al momento de despedir a Josefina Montecillo en 2016, por “apoyar” a la directora de El Salmantino.

El pasado lunes 03 de junio nos enteramos, que Guadalupe Hernández, hasta entonces directora del portal El Salmantino había muerto de una enfermedad que tuvo efectos fatales.

El Salmantino se funda en noviembre de 2014 en medio de la censura y el bloqueo informativo de Justino Arriaga, que continuó con Antonio Arredondo. Desde el principio, este portal cubrió de manera profunda la corrupción y opacidad del gobierno municipal, como cuando en 2018 documentó que el alcalde interino José Manuel Fuentes Serrato pagó a su hermano Ramiro casi un millón de pesos por concepto “desconocido”.

Lupita fue, para muchos de nosotros, el ejemplo de una periodista comprometida con la justicia, que confió en las instituciones pese a que todas y cada una de ellas le volteó la espalda.

Muestra de ello es que, en noviembre de 2017, un mes después de que se había publicado la Ley de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas en Guanajuato, la Procuraduría de Derechos Humanos emitió un acuerdo de no recomendación hacia el municipio de Salamanca, debido a que no pudo “verificar la relación entre el audio y el despido de Josefina Montecillo”. ¡Se llama control editorial por publicidad oficial! El Alcalde presionando a El Sol de Salamanca para que despida periodistas.

El fiasco de Montero tenía todos los elementos para ser llevado a la CNDH, pero Lupita decidió no hacerlo.

Lupita no sólo se sobrepuso 4 años del bloqueo informativo municipal, sino que fue víctima de agresiones directas. En 2018 un usuario anónimo subió a Facebook un video en el que calificaba de “narcoportal” a El Salmantino, ello da cuenta de la criminalización de la que el portal fue víctima. Esta fue una de las incontables agresiones digitales que Lupita enfrentó.

También recibió mensajes intimidatorios por transmitir videos en vivo en octubre de 2018 por un usuario que firmó con las siglas de un grupo de la delincuencia organizada, y al igual que muchos integrantes del Colectivo por la Libertad de Expresión en Guanajuato y muchos periodistas de la entidad, recibía constantemente mensajes y videos con la instrucción de que fueran publicados.

Confió en el ministerio público local y en el mecanismo federal de protección, que también le fallaron por qué según ella misma, vivía autocensura y el ambiente hostil modificó su vida y sus hábitos.

El último mensaje que recibí de Lupita sobre las agresiones en Salamanca fue el 09 de marzo denunciando que policía municipal asignada a presidencia les pedía sus nombres, tomaba nota de detalles personales, tomaba fotografías de los periodistas que cubrían la fuente. Todo ello de manera reiterada y en contra de la Ley de Protección estatal. Pocas personas con el valor de Lupita para denunciarlo.

Raymundo Sandoval, Gabriela Montejano, Carlos García, Verónica Espinosa, Guadalupe Hernández y Alfonso Machuca al salir de la reunión con el Secretario de Gobierno en octubre de 2018.

En octubre pasado nos reunimos con el Secretario de Gobierno, quién preguntaba: “¿Qué pasaría si los medios dejaran de publicar nota roja?”, la censura aumentaría contestamos en coro.

“Lo que hay que hacer es combatir la violencia, no censurar a los medios, señor Secretario”, dijo Lupita.

Así era la vida profesional de Lupita: una periodista valiente que no se dejó vencer por la censura originada por los pactos políticos y la publicidad oficial, que trabajaba en un ambiente hostil donde la impunidad y el autosilenciamiento eran una constante.

Pese a ello siempre estuvo presente en el proceso de organización colectivo, aportando elementos de la realidad en la que vivía a la discusión social y legislativa cuando era necesario. Logró construir equipos sólidos y formar cuadros de periodistas en el municipio, porque, además, tenía la voluntad de dar clases.

Colaboró en la activación de la Red Rompe el Miedo en 2015 y luego en 2018. Participó en la discusión de la Ley de Protección y aportó elementos para el Reglamento.

En septiembre pasado acompañó a integrantes de la Red Periodistas de a Pie que estuvieron en Salamanca y les guio en su cobertura, en febrero lo hizo con un corresponsal internacional; así era Lupita, una colega siempre dispuesta a compartir tiempo con los colegas de otros municipios y del país.

Fotos: cortesías.

Nunca sabremos qué tanto este ambiente hostil se relacionó con su enfermedad. Todavía el acompañamiento psicosocial es incipiente y no nos permite decir cómo esta angustia permanente afecta la salud de manera específica, cómo los periodistas enfrentan una especie de síndrome de estrés postraumático que deteriora su salud y su vida.

Lupita no vio la justicia por la que tanto luchó, pero nos dejó su ejemplo y su sonrisa. Ayudó a evidenciar la censura y a la omisión de las autoridades estatales. También resistió valientemente a la macrocriminalidad que con la acción y la omisión institucional tiene silenciada la zona Laja-bajío.

Los funcionarios del gobierno municipal, estatal y sus personeros de los medios cooptados por la publicidad oficial no extrañarán a Lupita, porque para honrar su ausencia seguiremos exigiendo justicia. Los Justinos, Alejandros, Antonios y Josemanueles, y demás violadores de derechos humanos seguirán siendo evidenciados en honor a Lupita.

Gracias Lupita y mucha suerte para El Salmantino.

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