1.- Por favor, Moreno Peña, no

El PRI debe saber leer los cambios de mentalidad que promueven los nuevos liderazgos de los sectores y agrupaciones en Guanajuato, y evitar una caída lamentable en las elecciones del 2018.

Si la dirigencia nacional no atiende la molestia que han expresado varios de los militantes tricolores e impone como delegado al ex gobernador de Colina, Fernando Moreno Peña, estaría escavando su propia tumba.

Un sepulcro electoral prácticamente irreversible.

El Senador Miguel Ángel Chico, ha denunciado la serie de anomalías que registró su partido en la conformación de planillas en el 2015, cuyas acusaciones prácticamente se dirigieron al ex mandatario, Moreno Peña.

El tema no es de un solo personaje, hay bastantes priistas que denunciaron en su momento, la venta de candidaturas al mejor postor y la farsa de las encuestas en las que supuestamente se basaron para conformar aspirantes.

Los resultados de semejante farsa, están a la vista.

2.- ¿Cuánto más le durará su voto duro?

El PRI tiene un año para restaurar las relaciones perdidas con los líderes actuales y alcanzar mejores resultados que puedan reposicionarlo, no sólo como partido de oposición, sino como una alternativa ciudadana.

El reto, por supuesto, es aún más complicado.

Hay varios temas que están en su contra en este momento: la mala percepción del gobierno del Presidente, Enrique Peña Nieto; la crisis económica que se avecina en el 2017; la terrible corrupción ventilada en Veracruz; la división que hay de los grupos en Guanajuato y la incongruencia de sus decisiones.

Ciertamente necesita un delegado de buen nivel que venga a conciliar intereses, luchar por la unidad, pero sobre todo, dar espacios a los grupos que sumen estructuras y alienten a nuevos perfiles ciudadanos.

El PRI es un partido de estructuras y cuyos votos duros se mantienen, sorprendentemente, fieles a la causa revolucionaria. Pero la generación que les guarda esa lealtad, poco a poco se acaba y sin posibilidad de renovarse.

Pero el PRI también sabe que, en la coyuntura actual, aquellos líderes de la CNOP o CTM, por poner algún ejemplo, ya no les garantizan movilizaciones de voto a su favor, ni tampoco el corporativismo que por mucho tiempo les funcionó.

Las campañas ya se ganan de otra manera.

3.- El PRI con muchas individualidades

Quizás por eso, los dirigentes no piensan mucho en los cuadros que desarrollaron, ni en los líderes que mantuvieron una cuota de poder bajo organizaciones o estructuras del mismo PRI.

Quizás por eso, el nuevo grupo decide jugársela sin figuras. Algo que, por supuesto, no le funcionará de gran manera, pues todavía carece de relaciones, de líderes negociadores y de experiencia partidaria.

El PRI es un partido fuerte, pero dividido. Es un partido de experiencia, pero egoísta. Es un partido de estructuras, pero lleno de individualistas. Es partido con más militantes fieles, pero el de mayores deslealtades internas.

Es un partido que sabe levantarse, pero sabe también operar para quedarse inmóvil. Es un partido en franco descenso, pero con suficientes ímpetus para renovarse y reinventarse.

Pero pese a tantas virtudes y contrastes, no es un partido que alcance la unidad y sume espacios.

Sus dirigentes lo han radicalizado y eso, en política, no funciona.

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