IRAPUATO Gto.- La amenaza de perder a su hijo obligó a Beatriz Dimas a dejar Puerto Libertad en El Salvador, y unirse a la segunda caravana de migrantes con la idea de llegar a Texas.

El padre de su hijo, de tan sólo dos años, prometió encontrarlos para “deshacerse de él a como diera lugar”.

Con palabras entrecortadas Bety, asegura que los últimos dos años, desde el nacimiento de Óscar, se la ha pasado escondiéndolo para protegerlo de la maldad que se le “metió en el corazón” a su expareja.

La mujer relató que dejó a otras dos menores de 6 y 8 años, Magbena y Madie, las cuales se quedaron bajo la tutela de su madre, y a quienes espera poder darles una mejor vida al llegar a los Estados Unidos.

A pesar de viajar sola, en su camino ha encontrado el apoyo de sus compatriotas y compañeros de viaje, en quienes se ha apoyado en los 19 días que lleva su travesía.

“Afortunadamente hemos encontrado apoyo de los mexicanos en el camino, quienes nos han brindado una mano para no sufrir en el trayecto”, expresó Beatriz.

Contó que su hermana Gabriela, quien lleva 22 años viviendo en Norteamérica, le ha prometido ayudarla para encontrar un trabajo que la pueda sacar adelante.

A punto del llanto, la salvadoreña señaló que la falta de oportunidades de su país, y la violencia en las calles, en donde ya no se puede confiar ni en la Policía, fue otras de las circunstancias que la hicieron tomar la determinación de unirse al éxodo de centroamericanos que se ha registrado en los últimos meses.

El único problema que asegura ha encontrado, es la comida picante a la que no están acostumbrados, sobre todo su hijo, aunque con optimismo señaló “no me puedo quejar”.

Como ella, son varias las mujeres que viajan solas, tratando de evitar subirse a “La Bestia”, pues aseguran es el principal peligro en el camino.

Ese es el caso de Joseline Álvarez, que dejó Puerto de Acajutla hace 20 días.

Gran parte de su recorrido lo ha hecho caminando 12 horas diarias, que pese a su juventud dice que “es pesado”.

“Lo bueno ha sido el apoyo que nos han dado las autoridades que nos han subido a los camiones, y así avanzamos más rápido”, mencionó la joven.

A sus 22 años, la falta de oportunidades para mejorar su calidad de vida y la extrema violencia de las pandillas, las cuales dice que se han hecho “dueñas y señoras” de las calles de su pueblo, como de otras ciudades, la forzaron a dejar su país.

“Hemos pasado hambre, pero nadie se da por vencido, la comida que los han dado los hermanos mexicanos ha sido también de gran ayuda”, sostiene.

Su idea es llegar a Houston, en donde tiene asegurado el apoyo de otros migrantes salvadoreños que, como ella, salieron de sus lugares de origen buscando mejor vida.

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