
Cuando los gobiernos locales olvidan que están al servicio de la ciudadanía y no de sus intereses familiares o de partido, surgen casos como el de Silao: un conflicto de interés que ya huele más a corrupción que a irregularidad administrativa.
La reciente compra del terreno para la Feria Silao 2025 no solo despierta sospechas: las confirma. El avalúo exprés, emitido y aprobado el mismo día de la compra, ya sería suficiente para levantar alertas. Pero el problema es aún más profundo. Quien firma el avalúo, el ingeniero Guadalupe Hinojosa, no solo es el valuador: también es representante de la empresa constructora beneficiada con contratos municipales. ¿Coincidencia? Imposible. Peor aún: la directora de Catastro, Erika Hinojosa, también aparece como representante legal de la misma empresa. Son familiares. Y son funcionarios públicos activos. No hay margen de duda: es conflicto de interés en su forma más burda.
Mientras tanto, la alcaldesa Melanie Murillo guarda silencio. Un silencio que pesa. Un silencio que huele a encubrimiento. Porque este escándalo, más allá del terreno, ya comienza a impregnar a toda la clase política de Silao, incluidos sus aliados y cuadros panistas.
En los pasillos del PAN local ya se escucha lo impensable: una desbandada. Militantes decepcionados, operadores que apostaron por una “nueva forma de gobernar” hoy confiesan sentirse usados, traicionados, burlados. La imagen de un gobierno municipal joven, supuestamente moderno y transparente, está quedando pulverizada por lo que aparenta ser una vieja práctica de simulación, favoritismo y negocios entre compadres.
¿Qué es más grave? ¿La compra millonaria con dinero público en condiciones opacas o la confirmación de que el PAN en Silao no ha cambiado en lo más mínimo su ADN clientelar?
La alcaldesa no solo está perdiendo credibilidad. Está arrastrando a su partido, a sus aliados y a todo un proyecto político a una crisis ética. La Feria 2025, que debía ser una celebración para el pueblo, hoy se convierte en el símbolo de un cochinero institucionalizado.
Y lo peor es que apenas vamos en julio.
¿Quién investiga a los que avalan el avalúo? ¿Dónde está el Órgano de Control Interno, léase Contraloría? ¿Y el PAN estatal, se quedará callado?
Silao no merece que su nombre quede manchado por el silencio cómplice y el oportunismo disfrazado de progreso. Porque esto, aunque suene duro, ya no es una fiesta… es una farsa.


