
Legisladores estatales y federales de Florida denunciaron que al menos 750 migrantes están encerrados en jaulas dentro del nuevo centro de detención conocido como ‘Alligator Alcatraz’, ubicado en un antiguo aeropuerto en los Everglades. El sitio fue descrito como un “campo de internamiento” por congresistas demócratas tras su primera visita.
Los funcionarios acusaron al gobierno de Donald Trump y al Estado de Florida de haber montado un “truco político costoso” con este centro, cuya ubicación —rodeada de pantanos, caimanes y serpientes— pone en peligro a los migrantes y al personal federal. El centro tiene una capacidad proyectada de hasta 5,000 detenidos, pero ya genera alarma con sus condiciones actuales.
El senador estatal Carlos Guillermo Smith denunció que los migrantes están hacinados en jaulas sin haber cometido delitos. Afirmó que no se les permitió hablar con los detenidos ni recorrer zonas activas del complejo, pero pudo confirmar la presencia de cientos de personas encerradas bajo un calor sofocante.

La congresista Debbie Wasserman Schultz afirmó que hay hasta 32 personas por jaula, con apenas unas cuantas literas y baños improvisados. Aseguró que los detenidos “obtienen agua para beber y cepillarse los dientes del mismo lugar donde defecan”, en condiciones claramente degradantes.
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El representante federal Darren Soto criticó el gasto de casi 500 millones de dólares en el proyecto, ubicado además en una zona propensa a inundaciones, en plena temporada de huracanes. Advirtió que el centro representa un riesgo grave tanto para los migrantes como para los agentes del ICE y la Guardia Nacional.
Los legisladores también denunciaron que el gobierno de Trump está revocando el estatus legal de casi un millón de inmigrantes en Florida, principalmente cubanos, venezolanos, haitianos y nicaragüenses, con medidas que calificaron como inhumanas y punitivas.
Pese al recorrido parcial, los congresistas exigieron monitoreo permanente e independiente del centro, que fue abierto días después de una visita de Trump a la región. La Arquidiócesis de Miami también condenó el centro, al que calificó de “corrosivo e inapropiado”.



