
En Silao pasa algo grave que cualquiera puede entender: hay direcciones importantes del municipio que no tienen jefe. Y cuando una oficina no tiene jefe, todo se desordena.
El caso más delicado es la Dirección de Fiscalización. Esa oficina es la que debe cuidar los permisos de bares, cantinas, discotecas, ferias y conciertos. Ahí se revisa quién puede vender alcohol, cuánto cuestan las entradas y si los negocios cumplen la ley. Sin jefe, esa oficina queda como un barco sin capitán.
La Feria de Silao 2025 fue la prueba más clara. Nadie revisó precios, permisos de alcohol ni comercios. Es como si el municipio hubiera cerrado los ojos y dejado que cada quien hiciera lo que quisiera. ¿Resultado? Desconfianza de la gente, sospechas y un mal sabor de boca para todos.
El problema no termina ahí. Este viernes, el director jurídico, David Tovar, renunció. Y aunque dijo que eran motivos personales, el golpe es fuerte. Ahora el municipio tiene dos sillas vacías: Fiscalización y Jurídico. Dos áreas clave sin responsables.
Y aquí viene la pregunta que cualquiera puede hacerse: ¿cómo puede funcionar bien un gobierno si no hay jefes en puestos tan importantes? La respuesta es sencilla: no puede.
Lo más preocupante es que esto no solo habla de falta de organización, sino de falta de liderazgo. Porque cuando una presidenta municipal no logra poner jefes en sus direcciones, hay dos posibles explicaciones: o no sabe decidir, o nadie quiere sumarse a su equipo. Y en ambos casos, el mensaje es muy malo.
Además, esto ocurre justo cuando el PAN, partido de la alcaldesa Melanie Murillo, está dividido. Hay pleitos internos, militantes que piensan renunciar y liderazgos que no se sienten parte de su gobierno. Un partido fracturado y un municipio con oficinas acéfalas: esa combinación solo genera más problemas.
Hoy Silao necesita claridad, orden y decisiones firmes. Pero lo que tiene son vacíos y renuncias. Fiscalización y Jurídico no son oficinas menores: ahí se define el orden, la legalidad y la confianza de la gente.
Gobernar sin cabezas no es gobernar: es dejar que el barco vaya a la deriva. Y en Silao, el barco ya empezó a chocar.


