
Verónica Vázquez Soriano, una mujer de 40 años reportada como desaparecida en marzo, fue localizada sin vida el pasado 12 de agosto, después de más de cuatro meses de búsqueda ininterrumpida en Silao, Guanajuato.
Su desaparición ocurrió el 29 de marzo, de acuerdo con el Protocolo Alba, mecanismo activado para mujeres desaparecidas. La familia denunció el caso y, tras varios días de incertidumbre, el 10 de abril se emitió la ficha oficial de búsqueda, detallando tatuajes en los brazos y un lunar en el pecho como señas particulares.
La localización sin vida fue confirmada oficialmente el 12 de agosto. La ficha fue modificada con la palabra “Localizada” en color negro, símbolo que tristemente indica un desenlace fatal. Sin embargo, las autoridades no han revelado públicamente dónde ni cómo fue hallado el cuerpo.

La familia de Verónica exige respuestas claras, verdad y justicia, luego de atravesar meses de dolor, incertidumbre y silencio institucional. Su historia refleja el panorama alarmante de desapariciones en Guanajuato, donde más de 15 mil personas permanecen ausentes desde 2010, según cifras oficiales.
La noticia ha causado un impacto profundo entre colectivos de búsqueda, quienes remarcan que cada nombre representa una vida, una familia y un duelo que no termina. Verónica no es solo una estadística: era hija, amiga, madre, con sueños y una historia que merece ser contada.
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Mientras tanto, grupos de mujeres buscadoras continúan recorriendo terrenos, ríos y fosas, impulsadas por la esperanza y el amor. Advierten que sin voluntad política ni acciones contundentes, la tragedia de Verónica podría repetirse con más mujeres y hombres desaparecidos.
La muerte de Verónica subraya la urgencia de detener la violencia en Guanajuato. Su familia pide que su memoria permanezca viva, que se haga justicia y que su caso no quede en el olvido, como tantos otros.



