
El nombre de Paco Chagoya vuelve a sonar en Silao por un hecho incómodo: otra finca ligada a su entorno apareció involucrada en actividades delictivas.
El regidor de Movimiento Ciudadano niega cualquier vínculo y asegura que todo está aclarado con un contrato notarial. Sin embargo, la historia no resulta nueva.
Hace algunos años, cuando todavía no era regidor, una propiedad suya en Puerta Paraíso se relacionó con armas y droga. También entonces mostró un contrato.
En aquella ocasión, ese documento legal le permitió librarse de toda responsabilidad. Hoy la situación parece repetirse casi al pie de la letra.
La finca asegurada pertenece, según dice, a un familiar cercano. Está rentada a un tercero. Otra vez la misma fórmula: un arrendamiento notariado lo protege.
Pero la Fiscalía debería ir más allá. No basta con aceptar contratos sin preguntar a qué personas se rentan las propiedades ni qué actividades realizan.
La gente de Silao merece claridad. Y Chagoya debería asumir que, si los inmuebles de su familia aparecen en delitos, algo no se está cuidando.
Este nuevo episodio llega cuando Chagoya apenas logró alcanzar una regiduría. Recordemos que hace un año buscó la presidencia municipal, pero sus votos no fueron suficientes.
Su campaña no despegó, pese a los acuerdos que tejió con Carlos García Villaseñor, entonces presidente municipal. Pactos políticos que la gente nunca aprobó.
Incluso se supo que pidió a su propia regidora respaldar candidatos de Carlos García para el SAPAS. Ella rechazó y desnudó esos compromisos ocultos.
Ese tipo de arreglos dañaron su imagen. La gente vio en Chagoya a un político con más interés en pactar que en defender a la ciudadanía.
Hoy, con este nuevo escándalo, se confirma lo que muchos ya piensan: Paco Chagoya perdió la oportunidad de ser un candidato confiable y con futuro.
El pueblo de Silao no olvida que se acercó a políticos cuestionados, que no cumplió expectativas y que se rodeó de decisiones equivocadas.
Aunque Chagoya aún piense en postularse en 2027, la realidad es distinta. La confianza se quebró y la reputación ya no es la misma.
La política requiere credibilidad. Y cuando un político pierde ese capital, difícilmente lo recupera. Paco Chagoya enfrenta ahora el precio de sus propias decisiones, desde los arrendamientos hasta sus relaciones.



